Aniversario de la fundación del Observatorio Nacional Argentino

Sobre cómo se gestó el primer Observatorio argentino

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La máquina del tren se abrió camino entre las barrancas en el medio de la oscuridad, envuelta en nubes de vapor y agudos silbidos. Inesperadamente la vista se aclaró y apareció en el fondo una ciudad erizada de torres de iglesias, ornamentada por cientos de luces que brillaban a lo lejos como luciérnagas. Ese anochecer a las postrimerías del invierno, la mediterránea Córdoba de la Nueva Andalucía, era el final del camino de singulares viajeros.

Esta ciudad casi pueblo, habitada por 30.000 almas, a pesar de contar con la primera Universidad del país, pocas veces recibía a científicos de la jerarquía de Benjamín Gould, un “sabio” estadounidense cuyo destino sería dar el empujón inicial a la ciencia moderna Argentina.

La ciudad de Córdoba vista desde Los Altos, “erizada de cruces”. (tomado de Uranometría Argentina 2001)

El “pikinglis”, como cariñosamente le llamarían en la Docta, llegaba desde tierras lejanas acompañado por su esposa Mary, culta mujer perteneciente a una poderosa familia y tres de sus hijos.

Daba fin el jueves 8 de septiembre de 1870.

Buque en el que Gould y su familia llegan a la Argentina. El Director describe su estadía en Europa como tranquila y feliz. El 20 de julio de 1870 se embarca desde Liverpool, Inglaterra, en el vapor “Tycho Brahe” de la companía The Lamport & Holt Line, cuyo nombre es señalado por el director como “auspicioso” (http://bluestarline.org/lamports/lamport_history.html).

Proveniente del norte vía Europa, su barco había echado anclas poco tiempo antes en el puerto de Buenos Aires, dominado por el edificio de la Nueva Aduana. Fueron recibidos por el “paquebote” del mismísimo presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Luego de pocos días partieron en barco por el Paraná:

“Desde allí remontamos el Plata por entre un laberinto de hermosas y agrupadas islas, cubiertas del follaje verde-oscuro del encendido fruto del naranjo; por entre estrechos canales rodeados de frondosos sauces, cuyas ramas lloronas, barrían nuestra cubierta; entre pajonales abrigo, de innumerables jaguares y tigres sin cuento, y entonces entrando en el vasto delta del Paraná subimos ese majestuoso río, por cerca de veinte horas, ya percibiendo en su orilla occidental algunas grandes estancias, ya tocando en ciudades embrionarias que pronto serán puertos florecientes y centros de un comercio activo. En la floreciente ciudad del Rosario, 250 millas [380 km] arriba de Buenos Aires, encontramos una hospitalaria bienvenida…”.

Al día siguiente, desde esta próspera urbe, debieron recorrer por espacio de dieciséis horas en la recientemente inaugurada primera línea férrea del país, la distancia que los separaba de Córdoba. Un largo camino de extensas llanura, un océano terrestre donde los ñandúes corrían libremente, plagado de miles de cabezas de ganado vacuno y majadas de ovejas. A intervalos, el suelo era colorado o blanco, con grandes manchas verdes y altos arbustos que servían de zarzos para la pasionaria o la campanilla blanca. Cada tanto se veían a lo lejos los ranchos que llamaron la atención de los viajeros:

Raros establecimientos de campo podían verse hasta una docena de millas de distancia, por sus paredes blanqueadas y sus pocos árboles,…”.

El domingo siguiente a su llegada, entre discursos y vítores de los alumnos de la Universidad, con el fondo musical de la banda del Colegio Monserrat dirigida por el Profesor Inocente Cárcano, la ciudad les dio la bienvenida.

Iglesia Catedral y a la derecha el Cabildo de Córdoba, frente a la Plaza Central (hoy San Martín) en 1871 (Castellano, Sarmiento. Su influencia en Córdoba, 2004).

Universidad de Córdoba, patio interno (1873, tomado de Córdoba Estelar)

Gould, en compañía de cuatro ayudantes, venía a cumplir el sueño del Presidente Domingo F. Sarmiento, la creación de un polo cultural que esperaba hicieran posible el Observatorio Nacional Argentino junto a la Universidad y la pronta a formarse Academia Nacional de Ciencias. A pesar que el tiempo le daría la razón en hacer hincapié sobre la importancia de la Ciencia para el progreso de la nación, no pocos pusieron piedras en el camino. Aún sonaban los disparos de la guerra de la Triple Alianza y el dinero escaseaba. Sin embargo, todos estos escollos fueron superados por el decidido actuar en el Congreso de la Nación del Ministro Nicolás Avellaneda quien logró hacer realidad esta visión.

El lugar elegido para la sede del Observatorio se ubicaba en las afueras de Córdoba, un poco más allá de la Cañada. Este paraje denominado “Los Altos”, estaba surcado de innumerables barrancas que hacían su acceso dificultoso. El viento levantaba en forma permanente un polvo blanco que todo lo envolvía, proveniente de un estrato de cenizas volcánicas dejado al descubierto por las escasas lluvias y que los buscavidas vendían como pulidor de plata a los vecinos pudientes.

Vista desde el norte del Observatorio Nacional Argentino, en la que se puede apreciar la aridez del terreno de Los Altos (1872). De izquierda a derecha: casa del director, edificio principal y casa de los ayudantes (tomado de Córdoba Estelar).

La vegetación se limitaba a un escaso pajonal, que sobreviviría largo tiempo, pues la escasez de agua dificultó la parquización del predio en el que sólo muchos años más tarde se logró hacer crecer árboles.

Izquierda: La Cañada en la década de 1880. Derecha: el Calicanto que protegía la ciudad de las inundaciones que producían las crecientes de La Cañada (Bischoff E., “y fue Córdoba”, 1997).

“… Parte del pueblo es atravesado por la llamada “la cañada”, el curso de agua es de 6 ó 7 metros de ancho, descarga en el río, y es bordeado por riberas empinadas hasta que llega al valle en el que se sitúa el pueblo. Está usualmente seca, en efecto nunca la he visto de otra manera, a pesar de que estoy viviendo a 50 yardas [46 m] de ella, y la cruzo varias veces por día. Pero durante e inmediatamente después de una de esas violentas lluvias, se vuelve un cauce torrentoso, y he visto crecer su nivel más de 4 metros en dos horas. No es alimentada por ninguna fuente, y meramente es desagüe de algunas millas de pampa; si no fuera por un fuerte dique [se refiere al Calicanto] construido por los Jesuitas en 1671, la ciudad estaría sujeta a severas inundaciones. De hecho una inundación provocada por la cañada destruyó una gran parte del pueblo en 1623.” (Gould, carta al Editor, American Journal of Science and Arts, 9/11/1870)

Fotografía de Córdoba vista desde el oeste en 1873 (Autor C. S. Sellack, digitalizada S. Paolantonio)

Con el esfuerzo de los pioneros, el decidido apoyo del gobierno y la  asistencia de los vecinos, las paredes se elevaron y los instrumentos pronto comenzaron a escudriñar los vírgenes cielos del sur.

Cuando aquel 24 de octubre de 1871, poco más de un año después de la llegada de los científicos, se inaugura oficialmente el Observatorio, ya se había concluido la que sería la primera obra que daría renombre a este establecimiento y al país: la Uranometría Argentina (Ver HOAC, pp. 21-24).

El edificio del Observatorio Nacional Argentino el 24 de octubre de 1971, día de su inauguración (Archivo Observatorio Astronómico Córdoba, digitalizada por el autor).

En ésta quedó registrada la posición y el brillo de cada estrella visible a simple vista en el trasparente cielo cordobés, 7.755 en total. Pronto las más importantes entidades del mundo científico reconocieron su calidad y llegaron los primeros premios.

Es que por aquel entonces la necesidad de conocer el cielo austral era muy grande. La Uranometría permitió a los científicos completar la visión de un universo que no terminaba al norte del ecuador y a los navegantes surcar con mayor seguridad los mares de esta parte del globo.

Este trabajo se profundizó con la ayuda de un telescopio con cuerpo de reluciente bronce: el Círculo Meridiano. Con este instrumento, digno exponente de la mecánica de precisión de fines del siglo XIX, fabricado en Alemania, se realizaron más de 1.000.000 de observaciones para determinar la posición de débiles estrellas que ningún ojo humano puede ver. Así nacieron los Catálogos General Argentino y de Zonas.

“Hemos erigido un Observatorio Astronómico por un acto deliberado y espontáneo de nuestra voluntad y sosteniéndolo con rentas nacionales consagradas al efecto.” D. F.  Sarmiento


por Santiago Paolantonio

Bibliografía

  • Minniti, E. R. y Paolantonio, S. (2010). Córdoba Estelar. Historia del Observatorio Nacional Argentino. Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba: Editorial de la Universidad.
  • Paolantonio, S. y Minniti, E. R. (2009). Historia del Observatorio Astronómico de Córdoba. Historia de la Astronomía Argentina. Asociación Argentina de Astronomía. Book series, N°2. La Plata, pp. 51-167.
  • Paolantonio, S. y Minniti, E. R. (2001). Uranometría Argentina 2001. Historia del Observatorio Nacional Argentino. SECyT-OA Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba.

Este documento, texto e imágenes, está protegido por la propiedad intelectual del autor. Puede hacerse libre uso del mismo siempre que se cite adecuadamente la fuente: Paolantonio, S. (2010). Aniversario de la fundación del Observatorio Nacional Argentino. Disponible en http://historiadelaastronomia.wordpress.com/documentos/aniversario2010/. Recuperado el … (indicar la fecha). No se autoriza el uso de la presente obra para fines comerciales y/o publicitarios. Ante cualquier duda dirigirse a paolantoniosantiago@gmail.com.

Una respuesta a Aniversario de la fundación del Observatorio Nacional Argentino

  1. ernesto azua dice:

    Magnífica semblanza del Observatorio de Córdoba y el viaje de B. Gould por el Paraná hasta Rosario y desde allí por el Ferrocarril Central Argentino a Córdoba, que cuando se inauguró (1870) era la línea férrea más larga de Sur América. Por otra parte el ferrocarril “Buenos Aires y Rosario” se inauguró en 1885 con el tiempo se fusionaron en una sola empresa.

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