Charles D. Perrine y los sismos

S. Paolantonio

Charles D. Perrine en 1895 (Parcial, Cortesía Special Collections California University Santa Cruz)

El tercer director titular del Observatorio Nacional Argentino, Charles Dillón Perrine, fue el último de los nacidos en EE.UU. que estuvieron al frente de la institución. Nació en Steubenville, estado de Ohio, el domingo 28 de julio de 1867. Steubenville se ubica a un lado del río Ohio, en la frontera entre el estado de igual nombre y el de Virginia Occidental, unos 50 km al oeste de la ciudad de Pittsburgh, en la región Este del país.

Luego de graduarse en 1884 de la “high school” (educación secundaria) en la Grant School (hoy Steubenville High School), en 1886 a los 19 años de edad, se mudó al Oeste, a Alameda, estado de California (Kelly-Thomas 2020).

Tempranamente desarrolló un especial interés por la astronomía. Se dispone de un ocular que le perteneció, en el que se encuentra grabado el año 1881, cuando contaba con 14 años (Kelly-Thomas 2020). Seguramente no le habrá pasado desapercibido el célebre tránsito de Venus de 1882, y años más tarde en California, observó el eclipse de Sol del 1ero de enero de 1889, junto a F. B. Rodolph, oportunidad en que realizaron varias fotografías del fenómeno (Holden 1899: 188-189), y posteriormente publicó sobre algunos avistamiento de bólidos.

 En esta época trabajó como empleado en un establecimiento comercial, hasta que el 1ero de marzo de 1893 ingresó al Lick Observatory como Secretario (Minniti y Paolantonio 2009).

Ocular perteneciente al joven Charles D. Perrine (1881) (Gentileza Colección Robert C. Thomas).

A partir de ese año, entre otras numerosas tareas, Perrine se encargó de confeccionar una serie de compilaciones de los terremotos ocurridos en California, una región con alto grado de sismicidad[1]. A partir de diversas fuentes, como periódicos y correspondencia, identificó los sismos ocurridos desde 1891 hasta 1899, y publicó anualmente una lista de los mismos en la Publications of the Astronomical Society of the Pacific[2].

Tal vez haya sido éste el origen de su afición por los movimientos telúricos, interés que desarrolló paralelamente a la astronomía, y que mantuvo por el resto de su vida, un aspecto relativamente poco conocido.

Estando en el Monte Hamilton, Perrine pasó por la experiencia del terrible terremoto del 18 de abril de 1906, que desbastó la ciudad de San Francisco. Menos de un año antes se había casado con Bell Smith, bibliotecaria del Lick, con la que residían en la montaña.

San Francisco luego del terremoto del 18/4/1906 (Encyclopaedia Britannica-San Francisco earthquake of 1906, https://global.britannica.com/event/San-Francisco-earthquake-of-1906).

Con posterioridad a su designación como director del Observatorio Nacional Argentino a mediados de 1909, Perrine publicó con frecuencia en la prensa local y nacional, comentarios sobre los sismos que acaparaban la atención del público.

Un ejemplo de este proceder se encuentra en oportunidad del terremoto del 10 de noviembre de 1922, que tuvo epicentro en Chile, cerca de la frontera con Argentina, entre Vallenar y Coquimbo. Este potente temblor fue acompañado por un tsunami y provocó más de 800 muertos y muchos más heridos, así como la destrucción de una gran cantidad de viviendas. El sismo se sintió fuertemente en Argentina, y en la ciudad de Córdoba, donde se encuentra la sede del Observatorio, produjo gran alarma, no tanto por la intensidad sino por su larga duración. Comentarios de Perrine sobre este movimiento aparecieron en los periódicos La Voz del Interior del día 12 y La Razón de Buenos Aires del 14. En éstos, se destaca la gran duración del fenómeno que fue claramente percibido por un lapso de 3 minutos. Sobre este punto, el Director señaló que si bien esta duración era notable, dependía de la sensibilidad de las personas y que en los registros sismográficos eran usuales duraciones mayores. La “conmoción” ocurrió a las O:35 horas de Córdoba, momento en que los dos relojes del observatorio (los Riefler instalados en el pozo de los relojes) se detuvieron, y al menos uno fue dañado, doblándose ligeramente la varilla del péndulo. Se indica que el movimiento fue “ondulatorio horizontal”. Cabe aclarar que el observatorio no contaba con sismógrafo, sí en cambio lo tenían el de Pilar y el astronómico de La Plata, en los cuales quedó registrado el fenómeno.

En oportunidad del sismo del 10 de noviembre de 1922, que tuvo epicentro en Chile, la prensa consultó sobre el fenómeno a C. D. Perrine, director del Observatorio Nacional Argentino. Izquierda, La Voz del Interior 12/11/1922, derecha, La Razón 14/11/1922 (Biblioteca OAC).
Durante la gestión de C. D. Perrine (1909 a 1936) se coleccionaron las notas aparecidas en la prensa sobre los principales movimientos telúricos, lo que muestra el especial interés del Director en estos fenómenos (Los Principios 26/11/1933, Biblioteca OAC).

Un nuevo caso se encuentra con el sismo del 21 de mayo de 1936, ocurrido a las 20:17 h, que tuvo epicentro en la zona norte de San Luis, en torno a San Francisco del Monte de Oro. Se sintió mucho en la provincia de Córdoba, incluso, por ejemplo, produjo daños en la catedral de Río Cuarto, ciudad que quedó a oscuras y donde se escuchó el sonar de las campanas de las iglesias (La Voz del Interior 22/5/1936).

Mapa de San Luis con la ubicación de la zona en que ocurrió el terremoto del 21 de mayo de 1936 aparecido al día siguiente en el diario La Voz del Interior de la ciudad de Córdoba (Biblioteca OAC).

En esa ocasión, Perrine fue consultado por el director del diario La Voz del Interior de la capital de Córdoba, que derivó en una extensa nota “de Divulgación Científica” aparecida en la edición del 12 de junio siguiente.

Nota de divulgación sobre el terremoto de San Luis, firmada por Perrine, aparecida en el periódico La Voz del Interior del 12/6/1936 (Biblioteca OAC).

En la nota, explicaba que si bien el Observatorio no contaba con un sismógrafo, el evento quedó registrado en la hoja del barógrafo de la institución.  En 1933 se había adquirido un barógrafo de peso marca Jules Richard, en el que las oscilaciones producidas en su larga pluma registradora por el movimiento del peso, dejaba constancias de los sismos, incluso de los más débiles. Según señalaba Perrine, se utilizaba para relacionar la influencia de los movimientos telúricos en la marcha de los relojes de péndulo de precisión. Este barógrafo, se ubicaba en el hall central entre la Secretaría y la entrada norte, sobre una mesa de mármol sujeta a la pared, donde permaneció hasta mediados de la década de 2010[3].

El barógrafo de peso Jules Richard, mencionado por Perrine en la Nota sobre el temblor de San Luis, en el que quedó registrado el sismo. Izquierda, fotografía incluida en la edición del 12/6/1936 de La Voz del Interior; derecha, el barógrafo en 2011, sobre la mesa de mármol en que se ubicaba, antes de ser retirado y guardado en los depósitos del Museo (S. Paolantonio).

El Director señala que el temblor fue anunciado por uno previo, sucedido el 18 del mismo mes, que él había anunciado al redactor del diario “Córdoba” y que el día 22 había sido erróneamente adjudicado al Jefe de la sección local de la Oficina Meteorológica Argentina[4]. El sismo del 18, de poca intensidad y una duración de 20 segundos, también quedó registrado en el barógrafo. A continuación, Perrine describe lo ocurrido y las causas de los terremotos.

Al finalizar, plantea su teoría de que los grandes temblores siempre ocurrían cuando la presión atmosférica era mínima. Respecto a este último punto, debe destacarse que el comportamiento del barógrafo ante un sismo resultaba sumamente conveniente, pues no solo quedaba registrada la hora en la que sucedía, así como su intensidad aproximada, sino también se conocía el valor de la presión atmosférica en el momento que ocurría. Seguramente, el estudio de esta dependencia fue la principal razón por la que se adquirió el instrumento.

Página del Catálogo de 1931 de la firma Jules Richard, París, en el que se promociona el barógrafo de peso adquirido en 1933 por el Observatorio Nacional Argentino. Entre su descripción y prestaciones, se menciona: “… los barómetros de peso también registran las sacudidas sísmicas, …”.

En la nota, también señala la necesidad de extender la red de estaciones sismológicas para avanzar en la anticipación de la ocurrencia de estos fenómenos.

Hojas del barógrafo Richard en las que quedaron registrados los sismos del 10 de junio de 1934 que tuvo epicentro en Sampacho (arriba) y del 21 de mayo de 1936 de San Luis (abajo) (La Voz del Interior 12/6/1936, Biblioteca OAC).

Días más tarde, el 19 de junio, Perrine envió un informe al Ministro de Justicia e Instrucción Pública del cual dependía el Observatorio, con “… algunos datos preliminares sobre una investigación de los últimos temblores en San Luis y unas conclusiones de cierta importancia que resultan.

En este informe, comienza aclarando que las cuestiones de los sismos no era uno de los objetivos del Observatorio, y que lo que planteaba era producto principalmente de “…mi interés y trabajos en ese ramo en California antes de venirme a Córdoba“, y que la hipótesis que proponía resultaba ser preliminar. Estos dichos, muestran que su interés por estos fenómenos nació en aquellas tierras, interés que mantuvo en Córdoba, donde continuó con sus estudios sobre este tema.

El escrito básicamente coincide con lo publicado en La Voz del Interior, y en forma destacada plantea la hipótesis que terremotos y presión atmosférica, se encontraban vinculados, lo que consideraba confirmado por los datos que había recopilado. En la página 6 sostenía las causas de la relación:

De modo que concluimos que la causa principal que libre la tensión acumulada [en las fallas] y produce temblores es la disminución diurna de la presión atmosférica…[5].

Perrine 1926

Este informe se emitió apenas unos meses antes de la jubilación de Perrine, sucedida en octubre. Desde hacía varios años, su administración era atacada por un grupo que pretendía su alejamiento y reemplazo por un director nativo. Entre los varios cuestionamientos que se le realizaban, se destacaba el de no haber podido poner en funcionamiento el telescopio de Bosque Alegre, el que si bien estaba montado y listo, el tallado de su espejo no lograba ser finalizado.

Luego de su jubilación, Perrine continuó con su interés por los sismos. En 1939 publicó un breve artículo titulado “Los terremotos y la variación de latitud”, en la Revista Astronómica de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía (Perrine 1939). En ella plantea:

Que los terremotos y variaciones de latitud obedecen fundamentalmente a la misma causa, es decir, la gravitación del Sol y de la Luna… En las regiones terrestre en que existen fallas en las capas rocosas, las tensiones se acumulan en las inmediaciones de tales fallas, hasta manifestarse – especialmente en las hondas y fuertes – por la atracción de gravitación que tiende a disminuir la tensión.”

Perrine 1939: 198

Propuestas de que las fuerzas producidas por las mareas podían desencadenar sismos, habían sido planteadas tiempo atrás, por ejemplo, por Arthur Schuster en 1897, en el artículo titulado “On lunar and solar periodicities of earthquakes” (Sobre las periodicidades lunares y solares de los terremotos) (Schuster 1897). En ese momento era un tema de investigación, en 1934 Luis Rodés había publicado “Influencia del Sol en la Frecuencia de los Terremotos”, en el que afirmaba que estaba comprobada la “…variación diurna en la frecuencia de los terremotos.” (Rodés 1934)[6].

En resumen, el Dr. Charles D. Perrine, además de su destacada trayectoria en astronomía, desarrolló una duradera afición por los sismos, tema que investigó a lo largo de su vida. Como director del Observatorio Nacional Argentino, llegó a adquirir un instrumento (el barógrafo J. Richard) para estudiar su teoría sobre la dependencia entre estos fenómenos y la presión atmosférica.

Agradecimientos:

A Diana Merlo, Robert Kelly-Thomas y Robert C. Thomas por la abundante información enviada sobre la vida y obra de Charles D. Perrine. Al encargado del Museo, Dr. David Merlo, y a la encargada de la Biblioteca, Bib. Verónica Lencinas, del Observatorio Astronómico de Córdoba, por permitir y facilitar el acceso a los archivos.  

Notas:

[1] (volver) Si bien es usual diferenciar sismo de terremoto, adjudicando la última designación a los temblores de tierra de mayor magnitud, que provocan daños significativos, ambos términos son sinónimos y de ese modo se toma en este texto. Sobre este tema y los terremotos históricos sucedidos en Argentina, se puede consultar el sitio del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) (http://contenidos.inpres.gob.ar/alumnos/docentes).

[2] (volver) Las publicaciones que realizó fueron:

  • 1893, List of earthquakes in California for the years 1891-1892, Publications of the Astronomical Society of the Pacific (PASP), Vol. 5, p. 127.
  • 1894, List of earthquakes in California for the year 1893, PASP, Vol. 6, p. 41.
  • 1895, List of earthquakes in California for the year 1894, PASP, Vol. 7, p. 99.
  • 1896, List of earthquakes in California for the year 1895, PASP, Vol. 8, p. 222.
  • 1897, List of earthquakes in California for the year 1896, PASP, Vol. 9, p. 37.
  • 1898, List of earthquakes in California for the year 1897, PASP, Vol. 10, p. 64.
  • 1899, List of earthquakes in California for the year 1898, PASP, Vol. 11, p. 78.

[3] (volver) Este barógrafo de precisión de tipo aneroide de peso, cuenta con compensación de temperatura y registro continuo. El sensor de presión está formado por un conjunto de 14 cápsulas aneroides de vacío (cápsulas de Vidi), tensionadas por una pesa de forma cilíndrica. El movimiento debido a la deformación de las cápsulas por la variación de la presión atmosférica es amplificado por un sistema de palancas. Una pluma registra las variaciones en una banda de papel con escala impresa, enrollado en un tambor de 12,5 cm de diámetro. El tambor gira uniformemente gracias a un sistema de relojería a cuerda.

[4] (volver) La Oficina Meteorológica Argentina, fundada en Córdoba a partir del Observatorio Nacional, fue trasladada a Buenos Aires en 1901, quedando las instalaciones como una estación subsidiaria, que estaba a cargo de Thomas Rector, con el que Perrine tuvo algunas diferencias en alguna oportunidad (1906) por cuestiones de límites de los predios de las instituciones.

[5] (volver) Perrine señala que no había encontrado publicación alguna que planteara esta hipótesis, a excepción de alguna referencia de posibles relaciones con la hora del día o estación del año. Hoy se acepta que no hay vínculos entre el tiempo atmosférico y los sismos (Instituto Nacional de Prevención Sísmica http://contenidos.inpres.gob.ar/docs/Preguntas%20Frecuentes.pdf ).

[6] (volver) Sobre el tema, se puede consultar a: Satoshi Ide, Suguru Yabe & Yoshiyuki Tanaka 2016, Earthquake potential revealed by tidal influence on earthquake size–frequency statistics, Nature Geoscience volume 9, pages 834–837 y Susan E. Hough, Do Large (Magnitude ≥8⁠) Global Earthquakes Occur on Preferred Days of the Calendar Year or Lunar Cycle? Seismological Research Letters (2018) 89 (2A): 577–581 (en español ver No hay evidencia de que la Luna o el Sol precipiten grandes terremotos).

Referencias:

Este documento, texto e imágenes, está protegido por la propiedad intelectual del autor. Puede hacerse libre uso del mismo siempre que se cite adecuadamente la fuente:

Paolantonio, S. (2021). Charles D. Perrine y los sismos. Disponible en https://historiadelaastronomia.wordpress.com/documentos/Perrine-sismos-2/. Recuperado el … (indicar la fecha).

No se autoriza el uso de la presente obra para fines comerciales y/o publicitarios. Ante cualquier duda dirigirse a: paolantoniosantiago@gmail.com.

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