Notas sobre la formación de astrónomos en el Observatorio Nacional Argentino

Etapa de los directores norteamericanos

Santiago Paolantonio

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Cuando a principios del siglo XX el Observatorio Astronómico de La Plata se integra a la Universidad Nacional, se plantea la creación de una escuela para la formación de astrónomos. En 1906 es organizada y se le asigna el personal correspondiente, y en 1915 se crea el Doctorado en Astronomía. Esta carrera fue cursada únicamente en algunas materias, por lo que llegó a ser considerada como inexistente (Gershanik, 1972; 29). Luego de numerosos cambios ocurridos en los estatutos universitarios, finalmente en 1935, durante la dirección del Ing. Félix Aguilar, fue aprobado el Doctorado en Astronomía y Ciencias Conexas – astronomía, geofísica y geodesia – iniciándose ese mismo año las clases (Aguilar, 1935 y Gershanik, 1972). A comienzo de la década de 1940 se reciben los primeros doctores: Carlos Ulrico Cesco, Alba Dora Nina Schreiber y Jorge Sahade.

En la propuesta de creación del doctorado, Aguilar afirma en referencia a la formación de astrónomos en Argentina que:

 “… el Observatorio de Córdoba alcanzó gran prestigio en el mundo científico y llegó a figurar entre las primeras instituciones de su especie. Sin embargo, no llenó el objetivo nacional que se tuvo en vista al fundarlo: la formación de astrónomos argentinos.” (Gershanik, 1972; 42)

¿Cuáles fueron las circunstancias que llevaron a que los primeros astrónomos formados en una universidad argentina egresaran en la década de 1940, a pesar que desde 1871 existía un Observatorio Nacional en la ciudad donde se encontraba la universidad más antigua del país?

El Observatorio Nacional Argentino y la Universidad Nacional de Córdoba

Al crearse el Observatorio Nacional Argentino la intención inicial fue integrarlo a la Universidad de Córdoba. En varias oportunidades Domingo F. Sarmiento, su mentor, señaló que la presencia de la universidad fue uno de los factores que definió la radicación de la institución en la ciudad de Córdoba. En la carta dirigida el 16 de octubre de 1865 al que sería el primer director del observatorio, el norteamericano Benjamin A. Gould, lo explicita:

 “…Puedo igualmente responderle desde ahora del cordial concurso de las autoridades y ciudadanos de Córdoba, donde existiendo desde siglos atrás una Universidad, la población entera está habituada a estimar en lo que vale la ciencia. Es probable que más tarde el Observatorio sea afecto a la Universidad, y que desde su llegada de Ud. se trate de establecer cursos científicos de esta parte de las ciencias,…” (Textual, subrayado del autor, Belín Sarmiento y Montt, 1899; 181)

El mismo día el futuro presidente escribe al Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield, indicando en relación al observatorio a crearse:

“Córdoba sería el Greenwich de la República Argentina, adquiriendo su Universidad este nuevo título de celebridad…” (Belín Sarmiento y Montt, 1899; 183)

También encontramos referencia al respecto en el discurso que Gould pronuncia el 11 de septiembre de 1870, en oportunidad de la recepción que le dieron las autoridades de la Universidad, donde manifestó:

“Muy grato me es encontrarme en relación con la Universidad más antigua de este hemisferio occidental a la que, ustedes como yo tenemos la felicidad de pertenecer.” (Paolantonio y Minniti, 2001)

El flamante director expresó su honra de poder unir su nombre al de la universidad, dejando en claro que ese era el plan primigenio.

Años más tarde se mantenía la idea, en el informe al Ministro de la Instrucción Pública Dr. Nicolás Avellaneda – del cual dependería el Observatorio –, fechado en marzo de 1873, Gould destaca:

“Me lisonjea la esperanza de que marchando de acuerdo con la Facultad de Ciencias, que ya ha agrupado aquí hombres de respeto y capacidad científica, hará de esta antigua ciudad un centro de investigación científica,…” (Gould, Informe al Ministro Avellaneda del año 1872)

En ese momento la citada facultad estaba en proceso de formación.

La integración a la universidad se relacionaba con la necesidad de formación de científicos y en particular de astrónomos, tal como lo manifiesta Sarmiento en la mencionada  misiva dirigida a Gould en 1865:

“Acaso el Gobierno exija que deje algunos alumnos capaces de continuar las observaciones, en los términos que lo hizo el Gobierno de Chile…” (Belín Sarmiento y Montt, 1899; 182)

En la esquela del 14 de octubre de 1869, enviada por Avellaneda a German Burmeister, en la que le encarga la formación de la Facultad de Ciencias Matemáticas y Física en el seno de la Universidad Nacional de Córdoba, indica que el profesor de Astronomía debía ser un empleado del Observatorio (Burmeister, 1874; 11-12). Posteriormente, en el informe anual del Rector de la Universidad, Manuel Lucero – 31/12/1874 –, se insiste con la necesidad de la formación de la cátedra de astronomía a cargo de un astrónomo del observatorio (Lucero, 1875; XIV).

Puede concluirse que la intención de los fundadores del Observatorio Nacional Argentino, era que la institución, además de abocarse a la investigación, posibilitara a través de algunos de sus miembros la formación de futuros astrónomos en relación con la facultad de ciencias de la universidad. Al parecer, la integración a la casa de altos estudios se realizaría a través de la participación en esta facultad.

Sin embargo, la integración no se llevó a cabo y el Observatorio permaneció desvinculado de la universidad por largo tiempo. Deberá esperarse a 1954 para que se concretara su inclusión[1].

Durante el siglo XIX y a principios del siguiente, el único vínculo que parece haber existido fue la participación del segundo director del observatorio, John Macon Thome, en el Consejo de la Facultad[2], luego de ser designado miembro de la Academia en 1878[3].

Enrique Chaudet, empleado del observatorio, destaca el hecho de la falta de vinculación con la universidad que aún se mantenía en 1926:

“En Córdoba no hay probabilidad alguna de que se forme una escuela de astronomía, ante todo por encontrarse el Observatorio enteramente desvinculado de la Universidad…” (Chaudet, 1926; 84)

Para esa época, se impartían conocimientos de astronomía en la carrera de Geodesia y en el curso de trabajos prácticos de astronomía, pero la enseñanza no estaba a cargo del personal del observatorio. Los alumnos realizaban visitas a la institución en escasas ocasiones y a veces pasaban años sin ninguna (Chaudet, 1926; 84).

Las razones de la falta de integración aún no han podido ser completamente aclaradas, tal vez se vinculen con el largo proceso de formación de la Facultad, que recién quedó efectivamente constituida en 1876 (Tognetti, 2000; 345) y en particular con desinteligencia entre algunos de los protagonistas[4]. Debe también tenerse en cuenta que, los directores titulares – Gould, Thome y Perrine – de esta primera etapa – 1871 a 1936 – sostuvieron la idea que no era función directa de la institución la formación de astrónomos, la que debía estar a cargo de la universidad. En 1931 el Dr. Charles D. Perrine señala:

“Muy común es la idea de que la enseñanza debe ser practicada por los investigadores científicos, y que los investigadores más aptos son especialmente competentes en la tarea de instruir. Mientras en algunos casos esta idea es correcta, en general es errónea… Todos los grandes observatorios están libres de las obligaciones de la enseñanza.” (Perrine, 1931)

En 1927, en el marco del pedido del Rector de la Universidad de Córdoba para que el observatorio pasara a depender de la misma, y de una serie de críticas realizadas a la gestión del Dr. Perrine, el Ministro conformó una comisión para analizar los reclamos. Luego de inspeccionar la institución, la comisión emitió un informe conocido con el nombre de sus miembros: Norberto Cobos y Félix Aguilar[5]. En el texto se señala como “inoportuna e inconveniente la anexión” dado que:

La orientación de la Universidad de Córdoba en el campo de las ciencias físico – matemáticas es puramente profesional, de manera que no se advierte la ventaja que la anexión podría aportar…” (Informe Cobos-Aguilar, 1927)

Además, se considera que las necesidades del país en formación de profesionales de estas ramas podían satisfacerse con los egresados de la Universidad de La Plata, esto a pesar que en forma efectiva la carrera no se estaba cursando. Las conclusiones de la comisión muestra una cierta contradicción con lo indicado por el mismo Aguilar en 1935 en la propuesta del doctorado en astronomía, en la que afirma, a modo de crítica, que el Observatorio Nacional no había logrado la formación de astrónomos.

Formación de astrónomos en el Observatorio Nacional Argentino durante sus primeras décadas de existencia

Durante el siglo XIX y principios del XX, en el Observatorio de Córdoba los integrantes del personal científico – mayoritariamente estadounidense y alemán –, en general eran contratados con escasa o ninguna experiencia en astronomía. Fueron instruidos en la misma institución mientras llevaban adelante los trabajos para los que habían sido empleados.

En numerosos casos se retiraban luego de la corta duración de sus contratos – 2 o 3 años –, principalmente debido a las exigentes condiciones de trabajo y los magros incentivos económicos (Minniti y Paolantonio, 2009).

Existieron excepciones, tal el caso de John M. Thome, Walter Davis, Enrique Chaudet, Luis Guerín y Jorge Bobone. Thome, nacido en EE.UU., llega a la argentina con 27 años de edad y desarrolla toda su vida laboral en Córdoba, falleciendo en estas tierras, algunos autores lo consideran como el primer astrónomo argentino. Chaudet, nacido en Francia, vivió desde pequeño en Argentina, desarrollando una larga carrera como astrónomo y meteorólogo. Guerín, nació en la provincia de Santa Fe y trabajó en el observatorio desde 1912 hasta su jubilación en 1943. Finalmente, el cordobés Jorge Bobone se desempeñó por largo tiempo en el observatorio, llegando a dirigirlo.

Esta formación “en servicio” de algún modo cumplía con el pedido de Sarmiento de dejar “alumnos capaces de continuar las observaciones”.

A pesar de esto, es claro que para ese entonces en el observatorio de Córdoba y la Universidad no se había podido crear una escuela para la formación sistemática de astrónomos. Corresponde destacar que esto mismo ocurría en el observatorio platense, a pesar de los intentos realizados.

Propuesta para la enseñanza de la astronomía en la Argentina de C. D. Perrine.

Cuando fallece el Dr. Thome en septiembre de 1908, es designado como director el Dr. Charles D. Perrine.

Perrine

Charles Dillon Perrine (Caras y Caretas, 1912)

Esto ocurrió en momentos en que aún no se había podido concretar la formación de astrónomos en la Universidad de La Plata. Casi tres años más tarde de haberse organizado la universidad, el 5 de marzo de 1909, el Consejo Superior planteo, dentro del Instituto del Observatorio Astronómico, una escuela de estudios superiores de astronomía y ciencias conexas. El director del observatorio, el italiano Francesco Porro de’Somenzi, cumpliría las funciones de decano. Sin embargo, diversos conflictos que  se presentaron en relación a la gestión del director, llevaron a que lo suspendieran en sus funciones a fines de marzo de 1910 (Gershanik, 1972; 22-24).

Sin dudas esta situación implicaba una preocupación para el gobierno nacional y en particular para el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Rómulo S. Naón, quien estaba especialmente interesado en la formación de científicos argentinos (Chaudet, 1926; 84).

Naón

Ministro Rómulo S. Naón. (Caras y Caretas, 27/08/09, Caricaturas contemporáneas, dibujo de Zavattaro)

El ministro, aprovechando la presencia de Perrine en Buenos Aires – ciudad a la que había arribado el 27 de mayo de 1909 –, le solicita sugerencias para la formación de astrónomos en el país. En respuesta al pedido, Perrine  realiza  un  “ligero memorándum”,  fechado  el  27  de agosto, que permaneció totalmente desconocido hasta que se identificó al ubicarse en los archivos del Museo Astronómico del Observatorio de Córdoba, el libro Copiador E  – 20/1/1909 al 17/05/1909 –. El nuevo director asume a mediados de junio de ese año, por lo que el informe fue una de las primeras actividades que realiza en su puesto.

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Nota del Dr. C. D. Perrine al Ministro Rómulo Naón en que contesta su pedido sobre sugerencia para la formación de astrónomos en Córdoba. (Libro copiador E, p. 101. Museo Astronómico, Observatorio Córdoba UNC, digitalización S. Paolantonio)

Perrine no tenía formación universitaria formal, su doctorado honoris causa lo había obtenido gracias a su gran laboriosidad y notable capacidad como observador, en el Observatorio Lick de la Universidad de California. Realizó numerosos e importantes descubrimientos de cometas y en especial de dos satélites de Júpiter. A partir de 1895 se desempeñó como asistente de astrónomo y desde 1905 – año en que recibió su doctorado – fue nombrado astrónomo. Participó en el estudio de objetos nebulosos empleando la técnica fotográfica y de eclipses solares. A lo largo de los años recibió varios premios por su notable labor (Paolantonio y Minniti, 2009; 102-103).

En la nota de elevación del informe, el director da respuesta a la pregunta sobre la posibilidad de que los estudiantes de astronomía, en su año final de formación, pudieran realizar estudios de perfeccionamiento en el extranjero. En este sentido, señala que para los alumnos más destacados podría utilizarse una de las beca establecidas en EE.UU. para este fin, y sugiere además, la creación de una beca análoga, que propone nombrar “Beca Nacional Argentina de Astronomía“, la que demandaría un gasto de entre 1.500 y 2.000 pesos moneda nacional por año[6]. Destaca que estaba haciendo averiguaciones para conseguir estadías en el Observatorio Lick. La idea de que los estudiantes avanzados debían realizar una etapa de capacitación en el exterior, también fue incluida por Aguilar en la propuesta para la Facultad de Astronomía y Ciencias Conexas (Gershanik, 1972; 46).

El informe, en el que Perrine realiza algunas propuestas para la preparación de astrónomos en “alguna de las universidades argentinas” – para entonces la de Córdoba, Buenos Aires y la joven Universidad de La Plata –, permite conocer sus ideas sobre la ciencia y sus gestores.

Respecto a las características necesarias de un “astrónomo de éxito”, el Director señala que se requería una fuerte inclinación hacia esta ciencia y una buena preparación.

Destaca que si bien cualquier estudiante con esfuerzo podía ser un astrónomo regular, los que se destacarían serían aquellos: “…dotados excepcionalmente por la naturaleza”. Este pensamiento, de una ciencia reservada solo para algunos, era también sostenido por muchos astrónomos del momento y continuó siéndolo por largo tiempo.

A continuación Perrine realiza algunas apreciaciones sobre los que a su criterio eran los principales atributos con que debían contar los científicos en general y los astrónomos en particular:

El más importante (y más esencial absolutamente) es la de un cerebro bien claro y despejado, grandes ideas y despreocupadas – que busque solamente la verdad ulterior…“.

Destaca que:

El verdadero científico es también un hombre con energía serena bien determinada – nunca teniendo en cuenta las horas que trabaja y a menudo dedicar todas las horas que está despierto a su estudio.“.

Por otro lado, manifiesta que el científico debía comprender a las teorías:

“…como hipótesis de trabajo, pero reconociendo constantemente que son solo teorías, y abandonando algunas o todas, tan pronto como un hecho contradictorio se descubra.” (subrayado existente en el texto).

Sugiere al Ministro buscar “todos aquellos que estén dotados especialmente” en los colegios y universidades argentinas, identificando los hombres de “gran calibre mental”, y señala que:

Es necesario tener un curso sencillo de astronomía descriptiva en todos los colegios y universidades, como curso de cultura solamente. … en tales cursos es adonde mostrarán [los candidatos] probablemente sus tendencias naturales.”

Cuando los profesores descubran hombres de inclinaciones bien marcadas y poseyendo las otras características antedichas, se les estimulará que se preparen para una carrera científica.

Plantea también las características físicas de los observadores y calculistas:

Solamente hombres con complexión fuerte se debe estimular para que sean observadores, debido a que tienen que rendir severos tributos al género de vida nocturna que han de tener constantemente.

Hombres de complexión más débil pueden ser grandes laboradores (sic) teóricos.

En cuanto a la formación de los futuros científicos propone:

A estas características naturales se precisa agregar una preparación completa en todos los ramos perteneciente al departamento de ciencia elegida (en este caso astronomía) que sea posible.

Destacando que la preparación debe ser muy exigente: “… la instrucción debe ser muy alta.”

Si bien reconoce que no está muy al tanto de la instrucción universitaria argentina, propone un esquema de formación de 4 años introductorios y 3 más de pos grado, similar al existente en EE.UU..

Los estudiantes mejores calificados y con habilidades excepcionales, cursarían un año en uno de los grandes observatorios de Europa o EE.UU., con gastos a cargo de la Nación. Estimaba que esto sería un gran estímulo para los alumnos.

En los primeros 4 años, que formarían parte de las carreras universitarias, se desarrollarían las siguientes materias:

  • Matemáticas, que incluiría algebra, geometría del plano y el espacio, geometría analítica, trigonometría plana y esférica y elementos de cálculo.
  • Física, que se dictaría a partir de cualquiera de los libros de texto existentes.
  • Astronomía General descriptiva, en la propone la utilización del libro de Young[7].
  • Astronomía práctica, en la que se impartirían conocimientos de tiempo, el sextante y instrumentos de tránsito y ecuatoriales.
  • Idioma, que abarcaría inglés, francés y alemán (los tres idiomas dominantes en las publicaciones de la época).

En los 3 años siguientes, en los que se emplearían “los mejores profesores”, se dictarían:

  • Matemáticas, con cálculo diferencial e integral, teoría de las ecuaciones, “etc.”.
  • Física, incluyendo electricidad, magnetismo, óptica (lentes, prismas, espejos, “etc.”) y espectroscopia.
  • Astronomía teórica, que abarcaría mecánica celeste y computación de órbitas.
  • Astronomía práctica, relacionadas con los métodos de observación y cálculos prácticos.

Entre 4 y 6 meses de cada año, los aspirantes realizarían pasantías en alguno de los Observatorios Nacionales, asistiendo a los astrónomos en sus trabajos.

De esta carrera se egresaría con el título de Doctor en Ciencias.

Plantea la necesidad de que las universidades tengan pequeños observatorios, en sus mismas sedes, cuyos costos estima en unos 10.000 pesos moneda nacional cada uno.

Finalmente, propone para el personal que ocupara puestos científicos, el otorgamiento de  licencias para viajar y estudiar con goce de sueldo por un año cada 6 o 7 de trabajo, en forma similar a lo que ocurría en universidades norteamericanas.

En todo momento Perrine menciona la formación de “hombres”, no haciendo referencia alguna a las mujeres. Al respecto, debe recordarse que en EE.UU., recién en 1913 egresan las primeras mujeres doctoradas en astronomía, en el Berkeley Astronomical Department de la Universidad de California – de la que dependía el Observatorio Lick –. Dos de ellas, Anna Glancy y Emma Waterman son empleadas ese mismo año por el Observatorio Nacional Argentino[8].

El plan de estudio que dos décadas y media más tarde se aprobaría en La Plata, tiene poca relación con esta propuesta. Además del tiempo transcurrido, debe tenerse en cuanta que en este último caso, además de astronomía se incluía la formación en geodesia y geofísica.

Dificultades para conseguir interesados para el estudio de la astronomía

Más allá de los problemas que se presentaron para generar una carrera de astronomía, desde la época misma de la fundación del primer observatorio en el país, resultó dificultoso conseguir interesados en formar para del plantel del observatorio e interesar a argentinos en el trabajo astronómico. Este inconveniente se repitió durante las direcciones de Gould, Thome y Perrine (Minniti y Paolantonio, 2009).

En 1894, el Dr. John Thome reclama al Ministro por las remuneraciones de los astrónomos, señalando que su ayudante Richard Tucker lo había dejado para trabajar en el Lick Observatory por el doble de sueldo (Thome, 1894). Posteriormente, en el manifiesto presentado ante al Congreso Nacional en 1906, Thome reitera el reclamo para mejorar los magros sueldos recibidos.

En 1917 Perrine expresa dificultades similares:

…Mi plan era conseguir jóvenes de la Universidad que tuvieran interés en la astronomía y para darles la práctica en trabajo del Observatorio cuando fuesen eficientes y cuando ocurriesen vacantes. Este plan no prosperó, debido especialmente, al hecho de que jóvenes con la energía necesaria e inteligencia para hacerse buenos astrónomos pueden ganar mucho más dinero con menos trabajo, en negocios u otra profesión…”.

Algunos años más tarde la problemática se mantiene:

 “… El señor Perrine, refiriéndose a los estudios argentinos y a la probabilidad de que se obtengan astrónomos de nuestra nacionalidad, nos dijo, que son muchos los estudiantes de ingeniería por ejemplo, que acuden para tomar nociones y datos, pero que, a su juicio, es difícil encontrar personas que se amolden a seguir esa carrera, por la falta de recursos para llenar las aspiraciones de la mayoría de nuestra juventud.”(Una visita al Observatorio Nacional de Córdoba, E. de la Fuente. La Razón, 24 de octubre de 1921)

En forma reiterada se señalan los muy bajos salarios que “ahuyentaban” a todo posible candidato a permanecer en la institución. En el diario La Prensa de noviembre de 1927, se destacaba entre las necesidades del observatorio la de:

…aumentar la remuneración de los astrónomos, pues los de las tres categorías existentes reciben sueldos que casi son de hambre.”.

Otro tanto ocurre con las declaraciones del empleado del observatorio Enrique Chaudet casi una década más tarde (Chaudet, 1926; 84).

Los directores del Observatorio Nacional Argentino de origen norteamericano, fueron fuertemente criticados por no poder atraer argentinos a la institución, en especial en la época de entre las guerras mundiales, se plantea que como extranjeros no tenían interés en este sentido. Ejemplo de estas críticas es lo manifestado por Chaudet, el que se pregunta:

“¿Será que no estamos [los argentinos] en condiciones de emprender trabajos serios en astronomía, por falta de gusto o constancia, o la organización del Observatorio nacional no permite al elemento nativo aplicar o desarrollar aptitudes ampliamente demostrada en los demás órdenes de la actividad científica?” (Chaudet, 1936; 84)

Esta situación se mantiene hasta la jubilación del Dr. Perrine ocurrida en 1936. En su reemplazo asume como interventor de la institución el Ing. Félix Aguilar, en ese momento también director del observatorio de La Plata. Prontamente toma la dirección como titular Juan J. Nissen, quien había sido empleado del observatorio nacional. Al poco tiempo, en 1940, Nissen renuncia en protesta por la falta de apoyo del Ministro. Es reemplazado por el mendocino Enrique Gaviola, quien había sido astrónomo del observatorio de La Plata durante la dirección de Aguilar.

El Dr. Gaviola también tuvo una posición crítica a Thome y Perrine por la no formación de astrónomos nacionales, lo que queda patentado cuando señala:

En especial, no se consiguió iniciar en los estudios astronómicos a un grupo de jóvenes argentinos, capaces y diligentes, que pudiesen hacer innecesaria la continuada contratación de personal extranjero, muchas veces inepto.” (Gaviola, 1937)

El nuevo director manifestó su intención de revertir esta situación, sin embargo, luego de transcurridos tres años de gestión, se enfrenta también a la situación de los magros sueldos de los empleados de la institución:

 “Es de hacer notar que el personal actual de Observatorio de Córdoba presta dedicación exclusiva sin excepción, a pesar de que los sueldos que percibe son míseros y muy inferiores a los de los cargos análogos del Observatorio de La Plata, por ejemplo. Si se quiere establecer y consolidar la dedicación exclusiva, única forma de fomentar la investigación científica, es necesario abonar sueldos adecuados.” (Informe al Ministro, 1940)

Ante la falta de respuesta del Ministro, seis años más tarde, Gaviola publica en ocho periódicos de Córdoba, Rosario y Buenos Aires un artículo en que expone públicamente la situación:

Los sueldos en el Observatorio de Córdoba. Hombres casados y con hijos ganan 100 pesos mensuales.”[9].

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A pesar de sus esfuerzos para conseguir argentinos que se dedicaran a la astronomía, no pudo revertir la situación que tanto había criticado, al extremo que debe efectuar por la prensa nacional un desesperado llamado público “a los argentinos que desearan tomar como profesión a la astronomía y la física”, mostrando claramente que las dificultades para contar con los “jóvenes argentinos, capaces y diligentes”, aún persistían a pesar del cambio en la gestión.

El director indica que dos cargos de astrónomos estaban vacantes desde hacía un año. Ante la falta de candidatos en otra época hubieran sido cubiertos por extranjeros, situación que se había tornado imposible.

En el comunicado Gaviola llama a los “mejores alumnos” de los colegios secundarios, tal como Perrine sugería 30 años antes, y señala que:

“…solo alumnos con una inteligencia decididamente superior a la mediana de sus discípulos pueden esperar el triunfo como investigadores científicos. Los que no estén seguros de poseerla procederán discretamente escogiendo otra profesión.”

Seguramente estas exigentes condiciones, donde se plantea una ciencia solo para elegidos, habrán desalentado más que alentado a los jóvenes, que tal vez, en realidad no estaban tan interesados en el sueldo que recibirían.

Este inconveniente recién pudo revertirse completamente a partir de 1957, con la inauguración del Instituto de Matemática, Astronomía y Física (IMAF), gracias a la iniciativa del mismo Gaviola, quien gestionó su creación por largos años. Finalmente en 1964 se incorporaron al Observatorio los primeros egresados del Instituto.

Notas

[1] → Boletín Oficial de la República Argentina N° 17.701, 2 de agosto de 1954.

[2] → Libros de actas de la Facultad de Ciencias Física-Matemática, 1885-1991.

[3] → El Dr. Thome no fue un asiduo asistente a las reuniones del Consejo. En 1886 presenta su renuncia como Académico, por no poder concurrir regularmente a las mismas, pedido que fue denegado, dado que existen registros de su posterior participación a numerosas reuniones, hasta al menos el año 1900. Se encuentra su firma, junto a la de otros académicos tales como los hermanos Doering y Walter Davis, por ejemplo en oportunidad del llamado a Asamblea Universitaria para la designación de Rector en 1886 y en relación a los problemas que en 1889 se presentaron con el decano Carlos Casaffousth, por la designación de profesores.

[4] → Por ejemplo, existieron fuertes enfrentamientos entre el Dr. Gould y el físico Carl Schulz Sellack y más tarde con Oscar Doering (Minniti y Paolantonio, 2009).

[5] → Un detallado relato de estos acontecimientos puede leerse en Minniti y Paolantonio 2009 (capítulo 25), y en Paolantonio y Minniti 2009 (ítem 5.14).

[6] → Téngase en consideración que el sueldo mensual de Perrine era de 950 pesos moneda nacional. A partir de 1881 se crea el peso “moneda nacional” por Ley 1.130, que unifica el sistema monetario nacional. Esta moneda se mantuvo vigente hasta 1969. Los sueldos de los astrónomos de primera a tercera eran de $F 450, $F 350 y $F 270 (Minniti y Paolantonio, 2009).

[7] → Seguramente se refiere al libro de Charles Augustus Young, “A text-book of general astronomy for colleges and scientific school”, publicado en 1889. Disponible en http://www.gutenberg.org/files/37275/37275-pdf.pdf.

[8] → Ambas astrónomas se ofrecen para trabajar en Córdoba ante la imposibilidad de conseguir por su condición de mujer un puesto en EE.UU.. En el Observatorio Nacional se les pagaba menos que otros astrónomos de igual jerarquía.

[9] → El parte de prensa está fechado el 10 de mayo de 1946, y se dirige a: La Nación, La Prensa, La Razón, La Capital, Noticias Gráficas, La Voz del Interior, Los Principios y Córdoba.

Referencias

  • Aguilar, F. (1935). Inauguración de la Escuela Superior de Ciencias Astronómicas y conexas. Revista Astronómica, Tomo 7, N° 3, 24-28.
  • Belin Sarmiento A. y Montt L. (1884-1903). Obras completas de Domingo Faustino Sarmiento. Tomo XXX. Buenos Aires: Belín-Montt Sarmiento.
  • Belín Sarmiento, A. y Montt, L. (eds) (1899). Las escuelas: base de la prosperidad y de la república en los Estados Unidos. En Obras de Domingo Faustino Sarmiento. Vol. XXX. Buenos Aires: Imprenta y Litografía Mariano Moreno.
  • Burmeister, G. (1874). Reseña histórica sobre la fundación y progresos de la Academia de Ciencias Exactas en Córdova, por el director científico de la misma. Boletín de la Academia Nacional de Ciencias Exactas. Tomo 1, p. 1-29. Buenos Aires: La Tribuna.
  • Chaudet, E. (1926). La Evolución de la Astronomía durante los últimos cincuenta años 1872-1922. En Evolución de las Ciencias en la República Argentina, V. Sociedad Científica Argentina. Buenos Aires.
  • Gershanik, S. (1972). El Observatorio Astronómico de La Plata. En Evolución de las ciencias en la República Argentina 1923-1972, Tomo VII, Sociedad Científica Argentina. Buenos Aires.
  • Lucero, M. (1875). Documentos oficiales y historia del instituto. Informe anual del rector de la Universidad Nacional existente en esta capital. Documentos oficiales y historia del instituto. Decretos. Boletín de la Academia Nacional de Ciencias Exactas. Tomo 2, I-XXIII.
  • Minniti, E. y Paolantonio, S. (2009). Córdoba Estelar. Historia del Observatorio Nacional Argentino. Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba: Editorial de la Universidad.
  • Paolantonio, S. y Minniti, E. (2009). Historia del Observatorio Astronómico de Córdoba. En Historia de la Astronomía Argentina, Asociación Argentina de Astronomía. Book series, N°2, 51-167. La Plata.
  • Perrine, C. D. (1931). Fundación del ONA y sus Objetos, conferencia dada el 12 de septiembre de 1929 en la Sociedad Científica Argentina, Anales de la SCA, Tomo CXI, 281–294, Buenos Aires.
  • Thome. J. M. (1894). Observatorio Astronómico Nacional. Informe de su director. Sus Viajes en Norteamérica- Progresos de la astronomía. Trabajos realizados en 1893. La Prensa, 29 de abril de 1894
  • Tognetti, L. (2000). La introducción de la investigación científica en Córdoba a fines del siglo XIX: la Academia Nacional de Ciencias y la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas (1868-1878). En La ciencia en la Argentina entre siglos, Txtos, Contextos e instituciones, M. Montserrat (comp.), 345-365. Buenos Aires: Manatial.

 

Este documento, texto e imágenes, está protegido por la propiedad intelectual del autor. Puede hacerse libre uso del mismo siempre que se cite adecuadamente la fuente:

 

Paolantonio, S. (2013). Notas sobre la formación de astrónomos en el Observatorio Nacional Argentino. Etapa de los directores norteamericanos. Disponible en https://historiadelaastronomia.wordpress.com/documentos/educacionONA/. Recuperado el … (indicar la fecha).

 

No se autoriza el uso de la presente obra para fines comerciales y/o publicitarios. Ante cualquier duda dirigirse a: paolantoniosantiago@gmail.com.

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