Cuatrocientos cuarenta años

La ciudad de Córdoba que tan gentilmente nos acogiera, brindándonos desinteresadamente las facilidades necesarias para el desarrollo de nuestra labor, ha cumplido cuatrocientos cuarenta años de vida.

En su homenaje, vaya nuevamente nuestra

 

ODA A LA CÓRDOBA DEL CIELO

 

Una música suave

trepa la cuesta y se eleva al cielo

llevando en sus brazos una imagen magenta

de una Córdoba que avanza con la arena  del siglo dada vuelta

 

Amarillentos  papeles

soportan el esfuerzo

de ojos incansables

que también treparon al espacio

 

Los novecientos se instalaron en “Los Altos”

en un cielo uranométricamente guardado

como argentino tributo cierto de aquel cansancio finisecular

repetido en largas noches oscuras con rosas de todos los vientos

 

Córdoba de las estrellas

 

La residencia está lista

Córdoba se hubo preparado

el Suquía lava otros acentos

venidos desde esa cumbre cupulada

 

El sol camina despacio

por jardines claroscuros

que guardan el sueño aquel

de los hombres de lejana mirada

 

La Córdoba Durchmusterung

abre sus extrañas corolas

al mundo todavía sorprendido

por aquella magnífica hazaña anterior

 

La Carte du Ciel cierra con llave

los recintos que celosos

guardan la permanencia del espíritu

para el futuro de la posteridad instalada

 

Córdoba despierta

orgullosa de sus hombres

de sus mujeres, sus cosas, su cielo

 

Llegan a ella de aquí y allá

de donde nacen otras lenguas

a beber el espíritu y la libertad de la docta

 

Córdoba del cielo

 

el sistema solar en las piedras

de más de dos mil millones de años

guardado en su magnífico arco serrano

 

más de diez mil millones de años

en el cosmos abierto en abanico

por la terca voluntad de ellos

 

Córdoba del espacio

 

La aventura se teje intrincada

barajando nombres hasta el cansancio

Gould, Thome, Perrine, y los que vinieron con Sérsic

brindando en racimo las Galaxias Australes

 

Córdoba de las estrellas

 

El camino ha quedado abierto

y con una travesura satelital

ella desata burlonamente la trama

de estos nuevos tiempos

 

 

El diamante cordobés gira en nuestras manos con su infinifacética figura, brindándonos los múltiples destellos que despiertan nuestra curiosidad. En su seno guarda algún carbón. Es signo de legitimidad. Así, mientras lo hacemos rotar despertando su iridiscencia, la arena del tiempo va cubriendo el pasado, despertando los nuevos tiempos que pugnan por afianzarse en una Córdoba que avanza.

Manos afanosas dieron vuelta el reloj de arena del nuevo siglo allá en los altos, donde está emplazado el Observatorio Astronómico que fundara Sarmiento en Córdoba. Comienza a caminar con pasos seguros llevando la ciudad al cielo, delante del eco que aún resuena en sus calles, del andar firme de tantos hombres que le dieran gloria y condujeran a Córdoba a convertirse en la interlocutora válida de esa Argentina nueva, sorprendiendo a las elites intelectuales y académicas de la vieja Europa. Para entonces, al hablarse de Argentina en las reuniones, en los salones, en las cátedras de la vieja carabela europea, automáticamente se pensaba en Córdoba. No podía ser para menos. La Uranometría Argentina, ese preciso y magnífico catastro de todo el cielo austral visible a simple vista, con registro de más de siete mil estrellas, había superado con creces las aspiraciones mayores de los esforzados pioneros que desde la terraza de la Casa de los Aldao, detrás del Paseo Sobre Monte, registraron paciente y afanosamente esas esquivas luminarias en largas noches vigilantes. Le sucedieron los catálogos con posiciones precisas de estrellas telescópicas y las famosas “Fotografías Cordobesas”, una de las primeras obras en el mundo, de exploración sistemática del cielo mediante la fotografía, cuyas placas originales hoy se conservan en Harvard. Agregadas a ellas, los múltiples aportes sobre geología, botánica, zoología, aportados a un mundo ávido de conocimientos, desde la Academia Nacional de Ciencias que también hoy sigue enorgulleciéndonos.

La mitad más una de los habitantes de la ciudad, de sus luchadores, no por vestir faldas, tuvieron menos participación en tan magnífica epopeya, aunque regularmente se las olvide por haber resignado sus méritos en tributo de los regios u honorables pantalones rectores. Sin embargo, la Córdoba del doble apellido, es nada más y nada menos, que el reconocimiento de aquellas ignoradas matronas que también condicionaron la historia. De no haber sido por ellas, por sus desvelos u apoyo, no se hubiesen obtenido tales logros.

La tiranía del espacio, nos obliga a efectuar un corte transversal “al sesgo” en la rica carne ciudadana, para mostrar solo pocos de los interminables ejemplos destacados de la mujer que desde afuera afianzó su persona en la Córdoba aldeana, y desde adentro, proyectó al mundo las consecuencias de su conducta valerosa. Nuestros próceres no hubieren llegado a ser tales, sin esas polleras tenaces.

La Córdoba de entonces no es la Córdoba de hoy. Cuando el siglo veinte pisaba los umbrales de Córdoba, la ciudad y la región iban rápidamente cambiando. Como aseveramos, no fue menor el papel jugado por el núcleo de científicos reunidos en torno de la Academia Nacional de Ciencias, el Observatorio Nacional Argentino, las facultades de diversas disciplinas que fueron abriendo, los centros asistenciales y el confort moderno que fue brindando a pasos acelerados, conforme crecía poblacionalmente (54.000 habitantes en 1885, con 3800 a 4000 edificios, 2 líneas de tranvías – la de Córdoba y la de San Vicente). Aumentaba la demanda de bienes ya no solo del espíritu. No olvidemos la apertura del nuevo Hospital San Roque, el Hospital de Clínicas, etc. La compañía del gas con su cada vez más extendida iluminación pública y privada mediante los brillantes picos de acetileno que se encendían cada noche, para ir haciendo retroceder ese maravillosos cielo que tantas riquezas aportara para engrandecerla. El ejido urbano se ampliaba. Las redes de ferrocarril también. El mármol de Malagueño fluye, junto con miles de toneladas de distintos tipos de roca que alimentan un mercado ávido, en plena era del cemento. Las barrancas próximas al observatorio van desapareciendo, continuándose lentamente pero sin pausa, las calles que eran interrumpidas por ellas. Las del ahora barrio Observatorio, con su rancherío, son las últimas en hacerlo, por la profundidad de sus cárcavas y la naturaleza de la barriada. Antes desaparece el antiguo “Pueblito” de indios de la toma, traspuesto el 1900,  donde ahora se emplaza el populoso barrio Alberdi. El lago artificial de Alta Córdoba y la Escuela Agronómica empujan a las quintas y casas de recreo hacia el norte. Las Rosas, al pie del cerro, lo trepan y sus avenidas ya no son caminos de tránsito a sitios más lejanos. Las chacras y viñas alimentan una ciudad que crece. Los baños públicos de Malbrán en el Paseo Sobre Monte, son el orgullo de la ciudad mediterránea en plena canícula. Con altibajos, conforme oscila la calidad del servicio, se exhiben orgullosamente como estandarte de limpieza y buen gusto. Los negocios prosperan. Se explota el oro en los faldeos.  Hay lavadores norteamericanos buscando placeres auríferos en la desembocadura del arroyo Saldán. Las sierras están cada vez más cerca. Aún así, los viajeros a veces deben soportar dificultades.

Para Tanti se partía en diligencia a las 4 de la mañana, desde la posta ubicada en las afueras de la ciudad. Un carromato grande y viejo efectuaba el transporte de pasajeros, equipaje y alguna carga menor, tirado por 8 mulas. Al mediodía se llegaba a San Roque, sitio hoy cubierto con el lago artificial de ese nombre.

Se pernoctaba allí y se continuaba viaje a la madrugada siguiente. En muchos tramos los pasajeros debían apearse y hacer cien o doscientos metros a pie en terreno escabroso. Se llegaba pasado el mediodía y la hora estaba determinada por las dificultades encontradas en el trayecto. Pero el regalo del paisaje y el buen aire justificaban plenamente el esfuerzo.

Se inaugura el monumento a Vélez Sarsfield. Los presidentes vienen y regresan a Buenos Aires, por ésta y otras celebraciones. La gente del Observatorio participa activamente de los actos protocolares. Tanto en esa oportunidad, como en los centenarios de 1910 y 1916. ¡Solo cien años!

Así tenemos a Thome como destacado invitado al baile celebrado en honor del presidente Juárez Celman, en oportunidad de su visita a Córdoba para la inauguración de aquél monumento. Asistió junto con los restantes “caballeros de la tabla redonda”, los “germanos de la Academia”, con el iracundo Doering a la cabeza.

Eso sí, los cambios no son tan acelerados, ni tampoco tan profundos. Subsisten viejas prácticas en todos los órdenes. Las autoridades recuerdan mediante la prensa que se halla vigente el sistema métrico decimal y que a partir del 1 de Enero de 1887 se sancionará a quienes empleen los viejos patrones de medida. El nuevo siglo acentuaba su presencia imparable. Existían en la Provincia de Córdoba 96 escuelas atendidas por 57 maestros y 47 maestras, con 6.029 alumnos inscritos (3.681 varones y 2.348 mujeres) y una asistencia media real de solo 4.968 alumnos. Se invierten en promedio $ 155 mensuales por maestro.

Aunque parezca mentira, el mundo estaba de alguna manera pendiente de lo que se hacía en Córdoba, esa lejana, extraña y hermosa isla de cultura que por posibilidades y razones prácticas, se comunicaba con Europa, más que con sus hermanas de nacimiento.

A finales del siglo XIX llegar desde los distintos puntos de Latinoamérica a Córdoba, y viceversa, todavía no era fácil y demandaba un tiempo considerable para su concreción, dados los medios precarios aún existentes en la mayoría de los casos y la falta de relación económica directa. Las diferencias entre entonces y ahora, nos llevan a veces a juzgar incorrectamente las causas de ese real aislamiento existente entre Córdoba y los otros centros intelectuales latinoamericanos que, con excepción de Santiago – Chile y Montevideo – Uruguay, estaban más allá del horizonte practicable.

Por ejemplo, para viajar desde Sucre – Bolivia, dos eran las vías posibles: 1 – desde Sucre a Jujuy en lomo de mula. De allí a Tucumán por el ferrocarril. Norte hasta Córdoba, empleando aproximadamente 14 días. 2 – De Sucre a Oruro, de allí a Antofagasta por el Ferrocarril de Antofagasta. Por vía marítima a Valparaíso, desde allí a Santiago, prosiguiendo hasta el Salto del Soldado en Ferrocarril a Santiago. Desde ese punto hasta Punta de Vacas a lomo de mula (Expreso Villalonga); desde Punta de Vacas a  Mendoza con el ferrocarril trasandino; siguiendo a Villa Mercedes – San Luis  con el ferrocarril Gran Oeste Argentino. A Río Cuarto con el ferrocarril Pacífico y luego Córdoba. Se emplean dos días menos para la realización de este trayecto, cuando las combinaciones eran óptimas (12  días).

Desde Río de Janeiro – Brasil – a Buenos Aires , vía marítima, líneas Royal Mail, Messageries Maritimes; Navegazione Generale  Italiana; La Veloce; Pacific Steam Navigation Co., etc. Desde allí por vía fluvial a Rosario y por FC. A Córdoba. 9 días de viaje.

Desde Santiago – Chile , por la vía señalada anteriormente, con 4 días de viaje .

Desde Bogotá – Colombia – Vía Terrestre a Paraná, de allí por mar a Valparaíso y siguiente. 22 días de viaje, aproximadamente.

A  Costa Rica – Vía atlántica, escala Río de Janeiro, 30 días de viaje.

Para Honduras – Vía atlántica – escala Ríos de Janeiro, 33 días de viaje.

Hacia Méjico – Vía atlántica – escala Saint Thomas – Río de Janeiro – 40 días de viaje.

Desde Panamá, ruta atlántica, escala Saint Thomas – Río de Janeiro, 30 días de viaje. Esta vía es también utilizada por quienes viajan desde Nicaragua y San Salvador.

Desde Quito – Perú – en lomo de mula a Guayaquil, de allí por vía marítima a Valparaíso y luego la ruta señalada. 22 días aproximadamente.

Desde Lima – Perú – Vía terrestre hasta El Callao, de allí por mar a Valparaíso y ruta señalada. 11 días aproximadamente.

Desde Montevideo – Uruguay – vapores empresas: Domingo Giuliani; Mensajerías Fluviales del Plata; Nicolás Mihanovich; Esteban Risso; Ross y Tobal; etc. A Buenos Aires, desde allí por vía fluvial a Rosario y por ten a Córdoba. 4 días de viaje, por las combinaciones.

Los lapsos son meramente indicativos y están fuertemente afectados por las combinaciones necesarias y las condiciones ambientales, fundamentalmente en la época de las tormentas.

Esto nos muestra elocuentemente que la ciudad mediterránea, se hallaba más cerca de Europa que de sus hermanas latinoamericanas, por los enlaces telegráficos y la característica de los servicios de vapores correo que efectuaban pocas escalas en el trayecto desde South Hampton, Cádiz, Hamburgo o Génova; y se veían mayormente exentos de la carga y descarga de cabotaje que retrasaba y encarecía muchísimo los viajes.

Esos escabrosos andariveles recorrieron las polleras de las 65 valientes maestras norteamericanas que vinieron a sembrar abecedarios a la argentina nueva que trataba de renacer de sus embates internos. Córdoba recuerda en el Colegio Carbó a Armstrong y a Wall. Esta última – Frances Wall – casó con el director  del Observatorio John Macon Thome y no solo fue la anfitriona amable durante años para la inquieta juventud cordobesa, sino la ayudante astronómica fundamental en la elaboración de la Córdoba Durchmusterung, esa obra monumental que todavía hoy es utilizada por los trabajos astronómicos del mundo para nominar estrellas. Este término militar alemán poco eufónico, significa algo así como “pasar revista” y se tradujo por “Zonas de Exploración”. Fue la continuación austral de su homólogo boreal “Bonner Durchmusterung”, realizado desde Bonn.

Se caracterizaba por su belleza y su espíritu emprendedor. Quienes la conocieron la definieron como “alta, rubia, lozana, llena de vida y salud, con espíritu muy independiente”, puesto de manifiesto en su actuación como esposa del Director que, con capacidad y empuje asumió el liderazgo de las relaciones sociales de la pareja y comando decididamente el arreglo de los jardines del establecimiento, amén del agotador trabajo nocturno.

Cuando se hallaba completado casi el 90% del trabajo correspondiente a la faja de cielo comprendida entre los -52° y los -62° de declinación, muere súbitamente en Septiembre de 1909,  el Dr. Thome, quedando los trabajos paralizados hasta la asunción de su sucesor, el Dr. Perrine. Entre ambos hechos ocurren cosas extrañas en el Observatorio.

Su viuda, que permanece en la residencia del director, realiza ingentes esfuerzos tendientes a lograr el apoyo necesario para concluir ella dicho trabajo, en el cual había colaborado como asistente del astrónomo,  llegando incluso a requerir ayuda al exterior para lograr ese cometido. Así, hospeda al Director del Observatorio Nacional de Chile, Dr Federico Ristenpart, desconociendo la asunción interina de la dirección del ONA, con todos los atributos formales, por parte del Ing. Eleodoro Sarmiento, el primer director argentino que era desconocido hasta hoy y entonces Astrónomo de Segunda de oscura actuación en el ámbito de la institución.

En oportunidad que el astrónomo alemán retorna a Chile desde Corrientes, a donde había asistido para la observación del eclipse anular de Sol del 23 de Diciembre de 1908, oportunidad en que lo interioriza de la situación imperante e indudablemente trata de ganarlo para su causa. Insistiendo en ello, mediante carta que le dirige el 5 de Enero de 1909, dando lugar a una notable respuesta sobre las gestiones realizada en tal sentido ante el Dr. Struve (Otto?) para lograr la afectación de un astrónomo alemán a Córdoba – hecho que prueba por sí que solo se requería apoyo técnico –  o, en su caso, proponiendo el traslado de Frances Wall a Santiago de Chile para que lleve a cabo su ambiciosos proyecto con asistencia de personal del Observatorio Nacional e incluso del propio Ristenpart, que le ofrece irrestricto apoyo personal.

¡Tanto era el interés y la importancia de la Córdoba Durchmusterung!

Los dedos inquietos hacen girar nuevamente la piedra facetada, permitiendo un destello inesperado y desconocido hasta la fecha. La historia no lo había registrado y los tiempos se encargaron de llevar su figura al olvido. Se trata de un Sarmiento, otro.

Eleodoro G. Sarmiento fue el primer argentino que ocupó la Dirección del Observatorio Nacional Argentino. Si bien lo hizo en forma interina durante las ausencias de Thome por sus viajes a Europa y posteriormente como consecuencia de la muerte de él, su participación  fue inexplicablemente olvidada por las crónicas, ya que tal actuación está registrada en los archivos y se consigna en las nóminas de sueldo sus haberes mensuales diferenciales con tal carácter jerárquico, incluyendo certificación oficial de servicio extendida por el Dr. Perrine que así lo acredita.

Prueba de la asunción plena de sus funciones, lo constituye la documentación existente con su firma y la expresión propia en la misma donde, por ejemplo, se dirige al Director del Observatorio de Berlín como “muy señor mío y colega” (OAN nota nº 21/1909), o al Gerente del Banco de la Nación, sucursal local, donde expresa que “la única firma autorizada para firmar cheques por este establecimiento es la que va al pie de la presente”, la propia, debajo de la cual dice “Director” (OAN nota nº 21 / 1909).

Con anterioridad, en Mayo de 1892 realiza trabajos temporarios para el Observatorio Nacional, por los que fue remunerado. Se desconoce la naturaleza de los mismos. Ingresa como Segundo Astrónomo del ONA en Agosto de 1894. Se recibe de Ingeniero Geógrafo en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Córdoba el miércoles 17 de Agosto de 1898. Ello determina que la totalidad de su carrera universitaria es llevada a cabo siendo personal de planta del ONA y habla del esfuerzo que necesariamente debió realizar para lograr ese cometido, dada la doble exigencia de trabajar y estudiar para ello. Se impone reconocer que no fue alumno destacado en su carrera universitaria, llena de dificultades – por otra parte – que las autoridades fueron allanando para facilitarle un feliz término.

En 1907 reemplaza transitoriamente a Thome en la Dirección del ONA como consecuencia de un viaje a Europa.

En setiembre de 1908 ocupa interinamente la Dirección del Observatorio Nacional, por el imprevisto fallecimiento del Dr. Thome, asegurando la continuidad de las actividades del instituto, tanto científicas como administrativas, hasta la asunción de su cargo por parte del norteamericano  Charles Dillon Perrine el 15 de Junio de 1909.

Dicha actuación desmiente la opinión generalizada en el ambiente de la Historia de la Ciencia, que la dirección fue asumida informalmente por la viuda de Thome y que fue ella quien entregó el cargo al Dr. Perrine.

La documentación aludida y otra que es ocioso citar por ser propia de la rutina burocrática, prueba lo contrario y finaliza con nota cursada al propio Dr. Perrine, residente en tránsito en el Hotel Phoenix de Bs. As. Aires con fecha 8 de Junio de 1909, que demuestra que el flamante director titular aún no asumido se entendió mediante telegrama directamente con  el Ing. Sarmiento y no con la viuda de Thome, como registra la historia. Sí es necesario referirnos a la nota que el 10 de Mayo de 1909 dirigiera el ONA a una institución egipcia, suscrita por F. Symonds con la leyenda: “p. E.G.Sarmiento – Director Interino”; como una prueba más.

El está plenamente convencido que el malentendido surge de la permanencia de Frances Wall en la residencia particular del director del ONA, circunstancia que Perrine facilitó al permitir que continuara por un tiempo viviendo en sus instalaciones, poniendo inclusive personal del observatorio a su servicio.

Sí se puede afirmar por otros registros ya citados, que la viuda de Thome pretendió conservar para sí celosamente, la continuidad de la Córdoba Durchmusterung, llegando – como se expresara – inclusive a realizar gestiones directas con personalidades internacionales para obtener el apoyo necesario para continuar ella con la obra. Esto, como continuidad de una actitud ya asumida por Thome, que no permitió la participación de otro personal del ONA en los trabajos de la Córdoba Durchmusterung, fuera de un reducido grupo de dos personas y su mujer, que lo acompañaron en la misma hasta su fallecimiento. Es evidente la falta de apoyo gubernamental a ella, ya que el Poder Ejecutivo de inmediato inició gestiones en Estados Unidos para hallar un reemplazante de Thome y la pronta designación de Perrine, ya anticipada a comienzos de 1909, debieron crear una situación conflictiva seria, en la cual se apoyaría aquella versión tradicional que le atribuye el manejo del instituto.

Hoy, solo sabemos que Eleodoro G. Sarmiento ya había fallecido para 1950. Se lo volvió a llevar la noche de los tiempos.

Seguimos girando la gema y surgen nuevos destellos  de su seno inagotable.

El polémico  Ernesto Sábato, Doctor en Física, Ex miembro de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, donde enseñaba a construir telescopios de aficionados; ex becario del Instituto Curie y del Tecnológico de Massachusset (MIT), donde publicó un trabajo sobre los rayos cósmicos después de su paso al surrealismo y de sus experiencias con el poeta francés Andrè Breton y Tristan Tzarà; que retornado al país, se radicó aislado en una villa de las sierras de Córdoba llamado Pantanillo, a comienzos de la década del cuarenta, evocando a Henry Thoreau.

En ese lugar, recibió la visita del famoso físico Dr. Guido Beck y del Dr. Enrique Gaviola Gaviola, director del OAN, quienes trataron de disuadirlo del mantenimiento de su actitud.

Ante la presión de los mismos e indudable debilidad de sus convicciones recientes, se avino a concluir un trabajo sobre termodinámica cuestionando los principios de la misma, en la Estación Astrofísica del Observatorio, sita en Bosque Alegre, cerca de Alta Gracia, a la que concurría una vez por semana con ese fin. Retornado a Buenos Aires, su medio de vida fue el dictado de clases de Física -a la que había repudiado – y sus esfuerzos de traducción del libro de Bertrand Russell “The ABC of Relativity”, hasta su retorno a París con un cargo de la UNESCO.

Por otra parte, la vinculación de Sabato con el Observatorio continuó cuando se traslado a Buenos Aires. Así, Gaviola en 1945, cuando Sabato vivía en Santos Lugares, le solicitó que inspeccionara máquinas de electrización estática existentes en las firmas Meozzi y Tosoni; Santos Zaghi y Freancisco Walz; las viera funcionar y emitiera opinión sobre las mismas. Este hecho prueba que el vínculo no se había destruido.

Seguimos asombrados percibiendo distintas formas de brillo imprevistas. Así aparecen las de la  “ASTRONOMISCHE GESELLSCHAFT” Cordobesa.

Las cientos de miles de posiciones estelares que brinda la Córdoba Durchmusterung, acusan un error de posición de alrededor de décimos de segundo en tiempo de ascensión recta y de minutos de arco en declinación, circunstancia que no afecta en absoluto los fines para los cuales fue elaborada: la rápida e inequívoca ubicación de las estrellas hasta una magnitud determinada. Por el contrario, exceden con creces esos límites. De hecho, tornaban evidente la necesidad de catalogar en forma independiente a las estrellas australes, con mayor precisión.

Continuando con la política seguida en Bonn y haciendo propios los objetivos propuestos con la Astronomische Gesellchaft de precisar también las posiciones de las estrellas correspondientes a la Córdoba Durchmusterung y a la Cape Photographyc Durchmusterung, el ONA bajo la dirección de Thome, tomó a su cargo la iniciación del catastro preciso con el círculo meridiano, de las estrellas hasta la 9na. magnitud existentes en la faja de cielo comprendida entre los 22° y los 37° de declinación austral, sobreponiendo 1° a la última perteneciente a aquella obra, aún cuando para entonces, el Observatorio de Argelia, a cargo de esa última faja, no hubiese completado su cometido. Los trabajos de observación se efectuaron entre los años 1891 y 1900 y las posiciones correspondientes, fueron referidas al equinoccio correspondiente a este último y publicadas con posterioridad.

Otras circunstancias, otros destellos, nos llevan a la crisis de la década de los treinta, donde en Córdoba se hablaba frecuentemente del “imperialismo cultural” imperante, con cierto prejuicioso fundamentalismo nacionalista.

Mucho se hablaba de que expresiones estructurales como la Academia de Ciencias y el Observatorio Nacional  Argentino constituyeron una cabal prueba del ejercicio pleno de una política imperialista cultural, por parte de las grandes potencias de la época. Es innegable que las mismas, sean Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos o Rusia, ejercían o pugnaban por prevalecer, tratando de imponer una actitud rectora  producto del esfuerzo humano y económico destinado por los respectivos estados con menor empuje, para mantener supremacía  no solo militar o política, sino también en el ejercicio de las distintas disciplinas, cualesquiera fueren, en su beneficio y para su mayor prestigio. Es infantil desconocerlo. Particularmente, comprendemos esa actitud defensiva y promotora de la actividad propia natural, como respuesta común de sociedades que pugnaban a ello, defendiendo a ultranza sus intereses. Pero el imperialismo surge y se ejerce, cuando las políticas, actitudes o estructuras, son impuestas abierta o solapadamente, no cuando constituyen la consecuencia de un acto de voluntad buscadora de apoyo, en pleno ejercicio de facultades legítimas, en franca libertad, mediante mecanismos lícitos y sin pérdida de la facultad de decisión.

La Academia y el Observatorio en Córdoba, nacieron como consecuencia no solo de un deseo argentino, de una resolución de los gobernantes argentinos; sino también de una necesidad propia del país que crecía rápidamente y requería de esos instrumentos para promover su desarrollo, de acuerdo con lo que sus dirigentes, condicionados o no por el pensamiento de la época, no de manera distinta a como lo fueron en todas partes las decisiones tomadas para cualquier empresa por cualquiera que tuviese que hacerlo, resolvieron por voluntad propia y convicciones personales, llevar adelante esa conducta.

El que desconozca tener padre termina por ser un hijo de … madre sospechosa. Resulta infantil caer en tales planos de fundamentalismos nocivos, resultantes de una puja imperial descarnada que desgarra el mundo actual, donde se promueve trasladar hasta esos sitios pasados, los juicios de valor asignados a acciones que sí resultaron imperialistas y trajeron perjuicios a pueblos que concluyeron aherrojados o sometidos objetiva o subjetivamente a intereses fuera de los propios.

Nada más ajeno a ello, que la acción desarrollada por la Academia o el Observatorio Nacional Argentino.

Se puede argüir que fueron Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, o Francia, según el caso, quienes participaron de la empresa. No lo hicieron como estados, sino con la contribución de sus nacionales e instituciones académicas calificadas para ello – aunque a veces no tanto, como Thome – pues terminaron calificándose aquí –  por ser los únicos jóvenes que ofrecían los servicios específicos necesarios para lograr aquellos objetivos eminentemente nacionales.

El desarrollo logrado, las obras resultantes, el prestigio ganado entonces, constituyen prueba palmaria de que fue el país quien resultó beneficiado en toda la línea. La realidad es independiente de los juicios de valor. Por ello, en esta obra, se procura enunciar datos de la historia, disminuyendo al mínimo las conclusiones deductivas, ineludibles para iluminar aspectos todavía oscuros de esa realidad apasionante, tan manchada por perjudiciales fanatismos intelectuales. Sin embargo…

Córdoba continuó trasmitiendo una vez por semana y mediante el servicio de las Oficinas del Telégrafo de la Nación, la Hora Oficial Argentina, correspondiente a la del meridiano que cruzaba por esa ciudad y lo continuó haciéndolo hasta que tomó esa obligación y continúa haciéndolo, el Observatorio Naval. ¡Le marcaba la hora a Buenos Aires! y las demás.

El Observatorio de La Plata, que había hecho experiencia en tal sentido, brindando ocasionalmente señales horarias a Ensenada, al Apostadero Naval de Río Santiago y a la base Naval de Puerto Belgrano, en el Plan de Trabajos y Presupuesto para 1908, propuso sustituir al de Córdoba en la trasmisión horaria:

“Cambiadas las condiciones de las cosas, parece que ha llegado el momento de repartir el territorio de la República en dos regiones de las cuales la septentrional continúe sirviéndose de la hora trasmitida desde Córdoba, mientras que la meridional recibiría la hora de La Plata. Contra esa indicación podría hacerse la siguiente objeción: que el meridiano sobre el que se ha determinado la hora oficial para toda la República es el de Córdoba. A esta objeción se puede responder que cualquier otro Observatorio del cual se conozca la diferencia de longitud con el de Córdoba, puede dar la hora oficial”… //…“Hasta la fecha no se ha llevado a cabo una determinación directa de la diferencia de longitud entre los dos Observatorios Argentinos, pero por vía indirecta se llega a deducir la diferencia a menos de un segundo, lo que para las necesidades prácticas del servicio horario es suficiente”

Este hecho, marca una vez más en forma elocuente, la competencia árida que existió entre ambos observatorios que, por falta de políticas astronómicas inteligentes, en el pasado llegó a frustrar mediante la acción política promovida “ex profeso”, programas de desarrollo astronómico. Por suerte en la actualidad ambos observatorios, conjuntamente con otros centros astronómicos trabajan mancomunadamente en proyectos de largo aliento y constituidos en consorcio, administran y dirigen el  CASLEO, el mayor centro astronómico argentino actual.

Esos brillos adquiridos con ejemplar esfuerzo gracias a ese aporte y apoyo, hoy nos deslumbra.

La historia se apoya en probanzas. Hay una anécdota que viene a cuento. Lo fue una visita destacada, que mucho contribuyó a la esa postura intolerante de quienes cabalgaron no el rocín sino solo la jaca prestada.

El día 11 de Octubre de 1927 visitó el Observatorio Astronómico de Córdoba, el director del Observatorio Astronómico del Ebro, el sacerdote científico Luis Rodés S.J.. El mismo viajó invitado por la Universidad de Córdoba para dar tres conferencias sobre temas de su competencia: “Los torbellinos solares”, “Medidas de las distancias celestes” y “Campo de investigaciones en el Observatorio del Ebro”. Fue su interlocutor por la Universidad, el profesor de Geodesia y Astronomía Práctica, Ingeniero Juan Jagsich. Dicho científico visitante, por otra parte, criticó el estado de abandono en que se hallaban los alrededores del Observatorio, por la existencia de basurales, ranchos y las barrancas con profundas cárcavas que caracterizaban el ámbito circundante en la época. Resultan de interés para nosotros, destacar que llamó la atención del mismo, la falta de conocimiento en el medio de las actividades del Observatorio, para entonces aparentemente reducidas, propiciando un mayor acercamiento con la universidad y su alumnado. Después de una visita a Bosque Alegre, sitio donde se llevaban a cabo trabajos para emplazar la hoy célebre Estación Astrofísica, desmereció la utilidad de los mismos en tal lugar, lejos de la ciudad, entre otras consideraciones sobre la conveniencia de actividades “más prácticas” por parte del observatorio y de utilización directa por la comunidad. Todo ello, en franca concordancia con el criterio adverso a la actividad astronómica desarrollada bajo la dirección de Perrine, común en el ámbito universitario, por los particulares vientos políticos ultranacionalistas que soplaban en el país, de los que no era ajeno el claustro en su generación. De ello, se hizo particularmente eco en la época, el diario “Los Principios”, en diversas notas contrarias a la gestión de Perrine, resistido por su condición de norteamericano. Estas notas, determinaron a su vez que la prensa porteña criticara también al mismo, destacando la personalidad de Martín Gil, nombrado en 1918 Profesor de Geofísica y Meteorología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de Córdoba, donde se hallaba reputado de sabio, cátedra de la que renunció sin hacerse cargo. Peculiar personaje, diputado nacional en la década del veinte, divulgador astronómico del diario La Nación, que tuvo mucha influencia en Córdoba y el país, cuando se fijaron las políticas adoptadas por el gobierno con relación al Observatorio Astronómico de Córdoba y a la Oficina Meteorológica, en particular las vinculadas con la Comisión Aguilar – Cobos y el proyecto propio de reorganización del Servicio Meteorológico Nacional. En la sesión de la Cámara Nacional de Diputados del 17 de Setiembre de 1926, al defender su proyecto manifestó:

Ahora diré que mientras fundamos el gran Observatorio de Física Solar Argentino, nuestros dos observatorios astronómicos nacionales de La Plata y Córdoba, podrían muy bien dejar un rato de mirar a sus queridas estrellas, especialmente de día, y apuntar sus fríos ecuatoriales a nuestra estrella más cercana, el sol, la que realmente nos interesa, comunicándose diariamente con la oficina meteorológica.”

Estas palabras precisan y delimitan tanto el pensamiento cuanto los objetivos no solo de este señor en la época, sino también de quienes lo estimularon o lo siguieron, desembocando en la triste intervención del ONA y frustrando aquella maravillosa empresa de la naciente astrofísica nacional. En Noviembre de 1905, Martín Gil, en un artículo titulado “El Atlas de la Uranometría Argentina”, al referirse a la segunda edición de esa obra, manifiesta: “…y bajo la competente dirección de del Dr. J. M. Thome…” – agregando con posterioridad:

…uno de los colaboradores más eficaces y perseverantes que tuvo Gould en el grandioso trabajo que lo ha inmortalizado.

Entonces aún no le irritaban los científicos de ese origen que sembraban y cosechaban aquí su esfuerzo. En un artículo de Enero de 1912, al promover la creación de un observatorio de física solar manifiesta:

1º) El señor director estaría obligado a no imaginarse que se encuentra en un país de indios, más o menos ricos; 2º) A publicar un boletín  semanal o quincenal, con todas las observaciones hechas en dicho intervalo, y una memoria anual con fecha fija; 3º) Dar algunas conferencias públicas al año en los centros más  intelectuales del país; 4º) Formar desde el vamos personal argentino y no una colonia de socorros mutuos, como sucede hoy y sucedió siempre; 5ª) No hacer misterio de lo poco que se sabe y obligarse a responder siempre que se le comprometa públicamente respecto a sus trabajos.”

O lo que expresara en un artículo sin fecha, titulado “De Orden Práctico”

“Ahora, para su fundación, iniciación y arranque, consideraría indispensable traer del extranjero – de Norte América seguramente – un hombre joven y eminente, de capacidad probada, y no sabios viejos y aburridos, o farsantes mudos y neurasténicos.”

Los comentarios huelgan. Ya estaba Perrine en el ONA y pedían su cabeza. Sería infantil dejar de reconocer que se repudiaba académicamente la permanencia de norteamericanos en Córdoba, mientras se aplaudía la de un alemán en La Plata. (Perrine y Nicolai Hartmann, respectivamente). Incomprensibles signos, propios de la época aludida. Por ello, nos atrevemos a aseverar que debemos ser muy cuidadosos con los juicios del hecho histórico. Ellos son actuales e independientes del mismo.

Así hemos sostenido siempre que la realidad es independiente de los juicios de valor. Simplemente es. Muy a nuestro pesar y pese a nuestros más caros sentimientos, debemos reconocer con los críticos de la época y criterios sostenidos en las generaciones de científicos inmediatamente posteriores, en particular el Dr. Enrique Gaviola, que la partida de Gould en 1885, generó una crisis en el ONA que lo llevó a perder paulatinamente la situación de privilegio que había alcanzado en su primera época de oro, aquellos quince años que lo elevaron vertiginosamente a una situación de privilegio en la astronomía mundial. No tuvo capacidad ni medios para incorporar personas especialmente preparadas para continuar con éxito la diversidad de trabajos programados en la época de Gould. No exageramos si afirmamos que la sola persona de Thome y la ayuda de Tucker y otros, fueron el único apoyo que permitió encarar, llevar adelante y concluir en gran parte, la monumental Córdoba Durchmusterung que nos ocupa; alejándose notablemente de la diversidad de trabajos de distinta índole encarados en la administración anterior. Por otra parte, y es obligación reconocerlo, Thome era un técnico. No carecía de formación científica, pero sí de la diversa y profunda de su antecesor, que lo formó astronómicamente. Careció de la aptitudes naturales del sabio Gould y de su capacidad para moverse más allá de las áreas limitantes de lo programado. Característica del genio. No consiguió el ONA atraer, formar e incorporar nativos a la labor astronómica. Hecho que llevara  a integrar argentinos de mediana capacidad, aún con formación universitaria, como el caso de Eleodoro Sarmiento. Agregó extranjeros, pero muchas veces sin las aptitudes necesarias para la labor y sacrificio demandado.

No es esta una aseveración gratuita. Tan reducido era el grupo de personas en que se apoyaba Thome y tan falto de colaboración autóctona que, por ejemplo al publicar en 1902 una tabla consignando las diferencias de longitud con Washington “de las Capitales de Provincias”, incluye Goya, La Paz, Rosario de Santa Fe, Villa María, Río Cuarto, General Acha, Rosario de la Frontera, Santa Rosa, y otras ciudades. Imperdonable para una publicación oficial que, por su parte fue impresa en Córdoba, en la Imprenta y Librería La Prensa, entonces sita en Rivadavia 141. Nadie advirtió tamaño dislate. Por otra parte, varió sustancialmente la actitud de los gobernantes. Ya no era el espíritu de Sarmiento y Avellaneda, el que animaba a los políticos. Las crisis económicas sobrevenidas en el país, no encontraron capitanes de tormenta como aquellos y el apoyo real, se vio casi inexistente. Solo el esfuerzo tenaz de Thome y su pequeño entorno de confianza, las más de las veces sostenido por el esfuerzo personal extra astronómico, pudo hacer que permanecieran en la avanzada llevando adelante ese trabajo monumental. Fueron muchas las deserciones que prueban la realidad de los expuesto. En particular Tucker, que regresó a los Estados Unidos para continuar su labor ascendente en los primeros círculos científicos del norte. Esta situación se prolongó entre 1885 y 1909 en que, con el arribo de Perrine se comenzó la transformación  sustancial del ONA, llevándolo a una política de modernización y volviendo a aquella actitud y aptitud de avanzada de los inicios. Con él el ONA ingresa a la astrofísica moderna, retomando el impulso retaceado durante tantos años; aunque padeciendo las contingencias limitantes económicas propias de un país inmerso en otras contiendas artificiales, eco de acontecimientos que afectaban la vieja Europa rectora.

Otro giro, otra sorpresa. Hallamos que enfermedad también intervino.

A poco de comenzar las tareas para eslabonar nuestra historia,  llamó la atención el elevado porcentaje de ayudantes del observatorio que padecían dolencias pulmonares. No podemos desconocer que uno de los más grandes flagelos de la época, lo constituía la tuberculosis. Máxime en aquellos grupos humanos en que el clima y la alimentación, costumbres, etc, favorecían su difusión. Por otra parte, la capacidad médica de hallaba sumamente limitada frente a tales procesos. Córdoba tenía en el mundo un prestigio bien ganado, respecto de la salubridad de su clima, fundamentalmente en la sociedad bostoniana. De allí vino, especialmente comisionado por su universidad, el Dr. Aman Rawson, padre del Dr. Guillermo Rawson, para el estudio de la influencia positiva en tal sentido, del clima en las alturas curativas de América del Sur. Particularmente el mismo destacó la acción favorable de la zona de Cosquín, San Marcos, Soto, Serrezuela, etc. Este médico, naturalista, químico, geógrafo, recaló en San Juan donde contrajo una enfermedad incurable que lo arraigó al país: el matrimonio. Era común en la época decir que de San Juan no se podía salir soltero. Situación propia de las comunidades con excedente de población femenina disponible, por falta de oportunidades para los hombres, que se veían obligados a emigrar jóvenes, especialmente en la familias numerosas, por la vigencia del mayorazgo consuetudinario y la limitación de las riquezas disponibles o posibles.

No resulta extraño entonces presumir que muchos científicos arribaron aquí, no solo por razones de trabajo, sino también de salud. Un detallado análisis de la ida y venida de jóvenes ayudantes al ONA, que se retiraban prematuramente “por razones de salud”  , traen la certeza de que ello es así.

Otra vuelta de la gema…

Tal fue la trascendencia de la labor del Observatorio de Córdoba en América del Sur, que se convirtió en la central de información de los eventos de relevancia para los observatorios importantes de esta parte del continente.

Así Cambridge comunicaba a Córdoba telegráficamente los datos correspondientes a los descubrimientos u observaciones de interés, en un principio textualmente; con posterioridad en la clave digital adoptada internacionalmente.

Los beneficiarios para el caso, no solo era Córdoba, receptora inicial, sino también La Plata, Santiago de Chile y Río de Janeiro – Brasil, destinatarios de las comunicaciones inmediatamente emitidas por Córdoba. Esta labor, de una importancia y trascendencia insoslayable para la época, en que las comunicaciones  carecían de la agilidad actual, permitía el apoyo inmediato de los más alejados centros de las observaciones necesarias para ayudar a una labor científica trascendente. No era menor llamar la atención sobre eventos astronómicos si tenemos en cuenta la irrepetibilidad de los mismos. Durante muchos decenios, el Observatorio de Córdoba sirvió a esta labor sistemáticamente, con el solo beneficio de la satisfacción por la misión cumplida. Así, el 19 de Junio de 1936, genera – por ejemplo – las comunicaciones a La Plata – Santiago – Río – sobre la Nova Cefeo de 3ra. Magnitud, descubierta por Peltier, brindando información sobre los primeros datos obtenidos de la misma respecto de espectro y velocidad de expansión de la materia eyectada. Todos los medios para lograr los enlaces rápido, eran válidos. Así, además de los servicios telegráficos nacionales, se utilizaban medios radiotelegráficos privados como la Western Telegraph Co. Ltd. –  que mediante su agencia de Rosario, retransmitía la información a Córdoba para su divulgación a los restantes observatorios importantes de América del Sur.

Dedos inquietos destapan con lo aseverado, aquella sempiterna disyuntiva: Arte y Ciencia.

No es un tema usual en un trabajo como el presente. Sin embargo, el mismo es propicio para su planteamiento, toda vez que, si bien no directamente, el observatorio de Córdoba fue desde los comienzos, un pivote sobre el que también giró el arte, ese otro aspecto de la actividad humana a veces tan prejuiciosamente divorciada de su pariente íntimo, la ciencia.

Gould tuvo una formación básicamente humanista y una destacada intervención en la traducción y divulgación en su patria de obras correspondientes a artistas latinos, como así una activa participación, junto con su señora, en la difusión en la Argentina desde Córdoba, de los trabajos de su amigo, el poeta norteamericano Longfellow, no solo en la sociedad cordobesa, sino también en la porteña, con la complicidad de Sarmiento, un entusiasta admirador del vate.

Astronomía y arte tienen su correlato. William Herschel (1738 – 1822) fue por ejemplo, una cabal expresión de la corriente intelectual que dominaba los cenáculos europeos del siglo XVIII, obligando a sus protagonistas a abordar todos los aspectos de la intelectualidad humana, sean ellos científicos o artísticos, como modo de encarar el intento de solución de los grandes planteamientos fundamentales que se formulaban entonces, como ahora. No fueron ajenos anteriormente, Galileo, Kepler, y hasta Platón, Thales, etc, de tal inquietud, que los fundamentalismos posteriores vanamente trataron de erradicar. Dominique Proust, personaliza en la actualidad desde el Observatorio de Meudon, Einstein por medio, esa actitud integradora que mucho bien hace al progreso intelectual humano. ¿Qué sería de él sin esa música inefable?

En el Observatorio de Córdoba, no solo se discutían problemas físicos y matemáticos. En la época de Gaviola, en Bosque Alegre se escuchaba a Bach y Beethoven, conforme lo relata Sabato en un libro que rememora entre otros, su paso por el lugar.

No es fácil encarar este tema en un período caracterizado por la expansión geométrica del conocimiento, particularmente de las técnicas, y un exuberante despliegue de la producción artística en todas sus manifestaciones, aparentemente inconciliables, cuando no antagónicas.

Con la fuerza de un gran atractor, debemos caer en la singularidad genial de Leonardo, con su peculiar manera artística de hacer ciencia, o si se prefiere, científica de hacer arte, rompiendo con todos los códigos de una época, a fuerza de observación, meditación, conocimientos y fundamentalmente imaginación. Es un hacer arte  fundado en la investigación analítica, guiada por una ardua tarea de síntesis estética superadora de los patrones clásicos.

Las palabras, como sus símbolos derivados, los números – extensión de las imágenes – expresión de un pensamiento abstracto, producto de una limitada experiencia a la que se quiere dar generalidad, logran su cometido solo cuando se proyectan hacia la realidad amplia, con todos sus rincones, concretos y abstractos, y se corresponden punto por punto con la misma; adquieren entonces su real dimensión y cumplen su objetivo iluminador, transmitiendo fuerza vivencial, resonando.

Así, con el poema, usando un símbolo que nos conmueve, logramos brindar algo más que un  esqueleto formal. No muy lejos de él, pese a todos los conjuros, están ciertas expresiones matemáticas características, que fascinaron y fascinan todavía, no solo a Novalis, quien no pudo reprimir la expresión: “El álgebra es poesía”, sino a una pléyade de creadores trascendentes, de uno y otro lado.

El análisis caracteriza al método utilizado por la ciencia para abordar la realidad. La síntesis intuitiva al arte. Ambas actitudes no son incompatibles, por el contrario, su integración define al genio. Arte y ciencia son mucho más que la suma continuada de esfuerzos fragmentarios disimiles. Constituyen una actitud; caracterizan al hombre por lo más puro de su pensamiento selectivo, esa dura manera de hacer caminos. Ayudan a superar nuestras limitaciones de época, nuestros provincianismos culturales; nos integran a la gran corriente del intelecto humano. Bastaría ese botón: Leonardo. Pero el ejemplo citado está demasiado arriba. Lo alejamos de nosotros a fuerza de idealizarlo. Apoyemos los pies en nuestra tierra.

Desde los muchos profesionales que transitan el arte a partir de los intrincados vericuetos de la fisiología humana, de la arquitectura, de la ingeniería,  los no menos enredados de la poesía, el cuento, el ensayo, hasta un Sabato que desbocado en el vértigo de un eufórico mecanicismo a ultranza, lanzado a conquistar el universo racional, tropieza con la Teoría de la Indeterminación de Heisenberg y cae de bruces en el surrealismo, los supuestos extremos se tocan.

No son únicos estos ejemplos.

El inefable Paul Valery decía allá por los treinta respecto de la Matemática: “…pero yo no soy en absoluto un especialista, sino a lo sumo un admirador y un amante desdichado de la más bella de las ciencias”, en carta a un admirador a quien aconsejaba leer ¡a Bertrand Russell o a Poincaré, a Lagrange o Hamilton!

Se podrá decir que no basta una golondrina para hacer verano. Es una posibilidad cierta. Pero ese pájaro integra bandada. Abrumadora es en Europa la corriente del nuevo humanismo desencadenado por el belga George Sarton, tomado por Joan Vernet Ginés y sus seguidores en España, o actualmente Ortiz en el Imperial College en Inglaterra. Integran junto con la historia del arte y de la literatura, la historia de la ciencia, inseparable actividad de la labor creadora humana de innegable influencia recíproca. Horacio aborda el conocimiento de su época; Virgilio no le anda a la zaga; Dante enuncia la cosmogonía vigente entonces; Freud desata el alud surrealista; el devenir científico actual una literatura supuestamente espuria para los cenáculos que, no por más rechazada es menos leída en el mundo. ¡Ojo!, vox populi, vox dei. No nos podemos hacer los ñandúes frente a un acontecer que agita a la juventud inteligente y la transporta en sus peculiares alas de fantasía, a los límites de la imaginación, mal nos pese.

La cosa no termina en estas breves líneas, ni en el repudio de la pluma o la máquina de escribir, por la computadora. En la propia alma literaria argentina hay una actitud rectora que abona esa corriente de integración, sin desmedro para ninguna de las partes: Leopoldo Lugones, fue un notable amante de las ciencias y un activo inquisidor del conocimiento adquirido por su medio. Hay pruebas de su incursión en la Geología Física, en la propia Física. No lo pretendan desconocer. En Agosto de 1920 dio en el Centro de Estudiantes de Ingeniería “La Línea Recta”, famoso entonces por el nivel de su actividad académica, una conferencia sobre la Teoría de la Relatividad que tituló: “El tamaño del espacio”. Editada y llegada a manos del propio Alberto Einstein, mereció los elogios y felicitaciones de éste. A Alvarez del Bayo, ese pequeño Alberto, le manifestó que se trataba de una obra extremadamente original. Recordemos que ambos en el mismo acto de la Sociedad de las Naciones fueron elegidos Miembros del Comité de Cooperación Internacional. No solo se conocieron personalmente, sino que compartieron inquietudes como correspondía a dos auténticos intelectuales desprejuiciados. Fue asimismo uno de los que más luchó en el país para lograr la creación de una Cátedra independiente para él en la Argentina. Quería traerlo. ¡Pequeña actitud visionaria!

No perdieron la perspectiva de la realidad propia y su independencia. No hablaron por boca de ganso.

Auténticos, estaban por encima de las poses limitadoras de horizontes, que restringen toda conducta a las cuatro paredes de una preceptiva determinada, una escuela en boga, sin dar lugar no solo a la autocrítica, sino a la posibilidad de considerar otros caminos, otros nutrientes. En plena Era del Espacio, es de alto riesgo mencionar… que las uvas están verdes.

Es menester aclarar que hablamos de ciencia, no de técnica, que por su propia naturaleza se diversifica conforme la requisitoria de los problemas a encarar, al punto que es imposible abordar todas sus manifestaciones diversas, sin perecer por abrumación. Solo cabe acercarse a aquella que habrá de solucionar con su concurso, una circunstancia operativa coyuntural. Las otras pueden ser rechazadas, ignoradas, olvidadas, criticadas por su utilitarismo intrínseco, pero nunca abandonadas como recurso posible sin gran perjuicio cierto.

Ideas y sueños. Arte y Ciencia. Dos caras de una misma moneda. Las dos alas de la mariposa. Resulta infantil pretender con una actitud rayana en el absurdo, que la crisálida no vuele por falta de un ala, para salud de viejas banderas confundidas y prejuiciosas.

Desde esta visión integradora de una actividad que nos es tan cara, formulamos votos por que el esfuerzo que realizan tantos en tal sentido, no sea vano; lanzando con profunda esperanza de futuro, esta Oda a la Córdoba del Cielo.

Ya la luz iridiscente se rompe nuevamente y nos hace aparecer otra obra trascendente entre las muchas de las que se ha hablado y de las múltiples que por razones de espacio y no de valor, se han omitido. Como aquella de que Córdoba con tres expediciones internacionales, a Brasil, a Colombia y a Rusia, trató de probar en oportunidad de respectivos eclipses totales de Sol visibles en dichas regiones, la vigencia plena de la teoría de la relatividad de Einstein. El destino le jugó en contra. El mal tiempo conspiró para tornar vano el esfuerzo. Ello no fue óbice para destacar el nivel de la actividad trascendente desarrollada entre 1910 y 1920, Y a propósito de la primera fecha indicada, la del centenario. Una visita celeste adornó el cielo cordobés y brindó a la ventana cupulada de la ciudad, la oportunidad de efectuar estudios fotográficos, espectrales y fotométricos que merecieron el elogio del mundo. Se trataba del cometa Halley, ese viajero periódico que retornó en 1986 despidiéndose tanto del que escribe, como de los que actualmente leerán estas líneas, pues no habrán de verlo en su retorno del año 2062.

Sí, los trabajos fueron muchos y continúan. Vino José Luis Sérsic, que brindó con gran esfuerzo y también reconocimiento internacional, su Atlas de Galaxias Australes o su obra Astronomía Extragaláctica, que llegó inclusive a editarse ¡en chino!

Córdoba no se ha detenido ni paraliza su actividad. Los satélites cordobeses orbitan nuestro cielo como ejemplo tecnológico de punta, de la vigencia de esta, nuestra modesta Oda a la Córdoba del Cielo.

E. R. M. M.

Bibliografía:

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