Anexo

Informe de director del Observatorio Astronómico de La Plata al Presidente de la Universidad de la cual dependía (tomado de Hussey W. J., Delavan P. T. y Dawson B. H. (1914) Descripción general del Observatorio, su posición geográfica, y observaciones de cometas y de estrellas dobles. Publicaciones del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de La Plata; Tomo 1, La Plata.)

 

EL ECLIPSE  DEL 10  DE OCTUBRE DE 1912: LA EXPEDICIÓN DEL OBSERVATORIO DE LA PLATA

POR W. J. HUSSEY

 

Señor Presidente de la Universidad Nacional de La Plata,

Doctor Joaquín V. González:

Tengo el honor de elevar al Señor Presidente, el relato de la expedición enviada al Brasil por la Universidad Nacional de La Plata, para observar el eclipse total de sol del 10 de Octubre de 1912.

La línea central de este eclipse empezaba en el Océano Pacífico, al sud de la América Central y al oeste de Colombia. Cruzaba el Ecuador, la parte sud de Colombia, el extremo norte del Perú, la parte central del Brasil, el Océano Atlántico y terminaba al ocaso del sol en el Océano Indiano cerca de los 25o al sud de la isla de Madagascar.

Sobre la costa oeste de América del Sur, el eclipse tenía lugar a la mañana; el sol estaba cerca del horizonte y por lo tanto las condiciones de observación eran desfavorables. No tengo conocimiento de ninguna expedición que haya sido enviada a la costa del Pacífico para observar este eclipse. La zona de totalidad cruzaba el Estado de Matto Grosso y era posible que las condiciones pudieran ser allí favorables a la observación, pero la inaccesibilidad de esta región hacía imposible enviar allí las expe­diciones. En vista de esto todas las expedi­ciones cuyo fin era observar el eclipse, se dirigieron a la parte sud del Brasil, especial­mente al sud del Estado de Minas Geráes e hicieron sus estaciones cerca del centro de la zona de totalidad, en los pueblos situados a lo largo del ferrocarril que corre por esta parte del país.

La expedición de la Universidad Nacional de La Plata partió de Buenos Aires el 27 de Setiem­bre y llegó a Rio Janeiro el 2 de Octubre; abandonó Rio Janeiro el 15 de Octubre de regreso a Buenos Aires, a donde llegó en la noche del 19 del mismo mes.

El personal de la expedición estaba com­puesto del que suscribe, de los Señores H. J. Colliau y B. H. Dawson del Observatorio Astro­nómico de La Plata y del Señor Carlos Souto de Rio Janeiro, ingeniero de la Compañía Brasilera de Ferrocarriles.

El Señor Souto se unió a la expedición por mediación del Señor Ministro Norte Americano, previa autorización del Vice Presidente de la Compañía Brasilera de Ferrocarriles, como per­sona conocedora de las costumbres y lenguaje del país.

Nos acompañó de la Capital al punto en el cual hicimos estación, quedándose con nosotros y tomando una parte activa en todos los tra­bajos, regresando con nosotros a la Capital, al finalizarlos. Brasilero por nacimiento, cos­mopolita por su educación, sus viajes, y sus conocimientos, resultó excelente compañero y valioso miembro de la expedición.

A nuestra llegada a Rio Janeiro, fuimos cortésmente recibidos en el Observatorio Nacional por su Director, Doctor Enrique Morize. Allí tuvi­mos conocimiento de las varias expediciones que habían llegado, inglesas, Francesa, Argentina y Chilena, de las situaciones ocupadas por sus respectivas estaciones, y de los grandes pre­parativos que el Gobierno Brasilero había hecho para la observación del eclipse. Dos expedi­ciones especiales bien equipadas habían sido enviadas a la zona de la totalidad; se había dispuesto todo bien para facilitar el trabajo de las expediciones visitantes, mostrando en todos los detalles de su organización la experiencia de los observadores de eclipses. El equipo y equipaje de los astrónomos visitantes era exento del acostumbrado registro de aduana. En la Capital suministraban acompañantes para ayudar a completar algunos equipos incompletos; el ferrocarril cooperaba despachando sin trabas los equipajes a las estaciones de observación. Además, el Gobierno Federal costeaba los gastos de ferrocarril de los astrónomos visi­tantes y sus gastos de hotel mientras estaban en la Capital. El Doctor Morize había visitado los principales pueblos situados en la zona de totalidad hasta una razonable distancia de la Capital y había recogido todos los datos de interés para estas observaciones. Cuando noso­tros llegamos, todas las expediciones estaban ya en sus respectivas estaciones.

Una de las expediciones del Observatorio Nacional Brasilero estaba en Silveiras, pueblo situado en la línea central de la zona de totali­dad, a unos 40 kilómetros de la costa y a 20 kilómetros del empalme Cruzeiro, el cual está a mitad del camino de San Pablo a Rio Janeiro. La principal expedición del Observatorio Na­cional, bajo la inmediata dirección del Doctor Morize, estaba en Passa Quatro, a unos 75 kiló­metros de la costa. Las otras expediciones estaban también ubicadas allí; la francesa, dirigida por el Doctor Stéfanik, representando la Academia de Ciencias de París, las dos inglesas, una del astrónomo inglés, Señor Worthington, y la otra del Royal Observatorio de Greenwich, dirigida por el jefe asistente, A. S. Eddington. La del Observatorio Nacional de Córdoba, dirigida por el Doctor Perrine, estaba en Christina y la del Observatorio Nacional Chileno de Santiago, bajo el Doctor Ristenpart, estaba cerca de Christina, a una distancia en línea recta de la costa, de 120 kilómetros.

La cantidad de lluvia y nebulosidad a lo largo de la costa brasilera en la vecindad de Rio Janeiro es mayor que sobre las montañas del interior, y teniendo en cuenta que las ventajas de observación del interior son mayores sobre las montañas que sobre las costas, parecía falta de prudencia hacer estación en esos lugares. Por otra parte no era conveniente que todas las estaciones estuviesen establecidas en un área pequeña, donde las nebulosidades locales afectaran a todos por igual.

Nosotros resolvimos, en vista de esto, internarnos hasta donde fuese practicable e instalarnos en un lugar no ocupado por ningún otro observador. Consultado el caso con el Doctor Morize nos indicó la ciudad de Alfenas, como el mejor sitio para nuestras observaciones. Nin­guna expedición había ido hasta allí, y no había pueblo accesible más lejano, cerca del centro de la zona de totalidad.

Alfenas tiene una población de 6,000 habi­tantes más o menos; está situada en la parte sud del Estado de Minas Geráes sobre una meseta que tendrá una elevación de 1,000 metros sobre el nivel del mar. Su distancia del Océano en línea recta es de 225 kilómetros, pero las escabrosidades del suelo hacen que el ferro­carril que la une con Rio Janeiro recorra 555 kilómetros, empleándose casi dos días en salvar la distancia que media entre estos dos puntos.

Llegamos a Alfenas, la tarde del 5 de Octubre y fuimos hospitalariamente recibidos por el presidente de la Municipalidad. El Doctor Morize había avisado que nosotros llegábamos y una delegación fue a nuestro encuentro. Se había dis­puesto que nos alojáramos en uno de los hoteles de la ciudad. Señor Director Joãs de Camargo nos concedió permiso para hacer uso de los te­rrenos del Grupo Escolar para nuestras instala­ciones, y se puso a nuestra disposición una pieza del edificio de la escuela para depósito de nuestro equipo y para hacer nuestros preparativos.

El tiempo era excelente cuando llegamos a Alienas. Las observaciones estelares fueron hechas en tres noches consecutivas, dándonos los datos necesarios para obtener la corrección y marcha del cronómetro y la orientación de nuestros instrumentos. Teníamos dos objetivos astronómicos: el astrográfico del Observatorio de La Plata, y otro de 40 pies de distancia focal perteneciente al United States Naval Observatory, que nos fue prestado por inter­medio del Doctor Perrine, director del Observa­torio Nacional Argentino de Córdoba.

El plan de observación era el siguiente: fijar el último de estos objetivos en una alta torre, orientado de manera que pudiera recibir los rayos de la corona en el momento del eclipse, para obtener fotografías de la misma, usando un chasis movible. Este plan tuvo que ser aban­donado, por falta en Alfenas de la madera traba­jada necesaria para la construcción de la torre. En vista de esto, montamos el objetivo astrográfico, en la forma antes proyectada, pero en una torre más baja, correspondiendo la altura de ésta a la distancia focal de aquélla, e hicimos el cambio necesario en el reloj de movimiento del chasis, que correspondía antes al otro objetivo.

La instalación fue hecha rápidamente y la tarde del día precedente al eclipse, se dieron por listos todos los preparativos. La tarde del 8 de Octubre empezaron a formarse nubes, a la noche el cielo estaba totalmente cubierto. A la mañana del día siguiente llovió débilmente; a la noche del mismo día y todo el siguiente, el día del eclipse, llovió muy fuerte, y no pudimos ver el sol. Cuando la sombra de la luna pasó, notamos decrecer y luego crecer la luz; estima­mos su intensidad en momento de la fase total, siendo esta cuatro veces más intensa que la de la luna llena. El elemento verde de su luz era más notable, la sombra menos extensa y la difusión más grande que en el caso de la luna.

La tormenta, la cual impidió nuestras obser­vaciones fotográficas, fue general, cubriendo una zona que se extendía de Buenos Aires a Bahía, lloviendo en todos los puntos donde había estaciones para observar el eclipse.

No pudimos observar el eclipse, pero no ha sido completamente inútil nuestro viaje, pues hemos tenido oportunidad de cambiar ideas con los astrónomos de las expediciones Argentina, Chilena, Francesa e Inglesas. Además adquiri­mos interesantes informaciones para futuros eclipses, en especial el que tendrá lugar en Mayo de 1919, cuya zona de totalidad cru­zará el semiárido Estado Brasilero de Ceará, cuya carencia de lluvias aseguran de antemano una feliz observación. Este eclipse será notable por la duración de su totalidad, que llega a cinco minutos, si tenemos en cuenta que la duración máxima es de siete minutos y que la del presente eclipse fue de un minuto y cincuenta y dos segundos. Dada su importancia conven­dría proveerse con tiempo de los aparatos y útiles necesarios para su observación, a fin de que se pueda sacar el máximum de provecho de un fenómeno escaso, en circunstancias tan excepcionales.

Puede tenerse una idea de la diversidad de los problemas de los eclipses, teniendo en cuenta la gran variedad de observaciones que pueden hacerse en tan corto tiempo. Las varias expe­diciones que fueron al Brasil, a no ser por el mal tiempo, hubieran obtenido, sin duda, muy buenos resultados, pues tenían largos programas a desarrollar. Este no es lugar de dar detalles de los programas y colecciones de instrumentos. Sin embargo es de interés observar que las expediciones han llevado sextantes, teodolitos y un círculo meridiano para determinar el tiempo y las posiciones geográficas; cronómetros y telescopios visuales para la observación de los tiempos de contactos y apariencia de la corona; cámaras, heliostatos y fotoheliógrafos para fotografiar las prominencias y la corona, cámaras portátiles pequeñas y hasta de doce metros de largo; espectroscopios de varias clases, de vidrio y de cuarzo, algunos para obtener el “flash spectrum,” otros para obtener espectrogramas de la corona; polarígrafos y polarímetros para fotografías y medidas de la polarización de la luz de la corona; termógrafos y pirheliómetros para medir cambios de tem­peratura y radiación durante el eclipse; fotó­metros fotográficos y a selen para medir la luz de la corona; y finalmente instrumentos para estudiar los efectos eléctricos y magnéticos, todos ellos llevados con el fin de instalarlos en el momento del paso de la sombra de la luna sobre la tierra.

Estas y otras observaciones, las cuales pue­den  ser  efectuadas  durante  un eclipse  total, indican la gran variedad de los no resueltos problemas relativos al sol y de las correlaciones de los mismos con la moderna meteorología y física terrestre.

Observatorio Astronómico La Plata, Argentina Noviembre 12 de 1912

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