Recuerdos

Santiago Paolantonio

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La institucionalización de la ciencia en la República Argentina se inició en la segunda mitad del siglo XIX, en la ciudad de Córdoba, con la fundación del Observatorio Nacional Argentino, la Oficina Meteorológica Argentina y la Academia Nacional de Ciencia.

Estas instituciones posibilitaron, entre otros muchos adelantos, la unificación de los patrones de pesos y medidas, los primeros mapas precisos del territorio nacional, el disponer de una hora única, estudiar la flora y fauna así como la geología, iniciar los estudios meteorológicos – de gran importancia para un país agrícola-ganadero – y crear detallados catálogos y mapas de los cielos australes necesarios para la navegación y la investigación astronómica.

Entre los primeros empleados de estos establecimientos, se encontraban numerosos extranjeros provenientes del hemisferio norte, de América y de Europa, los que junto a nativos de estas tierras, gracias a sus conocimientos, su dedicación y trabajo, hicieron posible los logros científicos mencionados, que contribuyeron en gran medida a forjar el país.

Mientras que algunos de estos pioneros regresaron prontamente a sus lugares de origen, otros se quedaron en estas tierras hasta el final de sus vidas, adoptando a la Argentina como segunda patria.

Dado que la mayoría de estos inmigrantes no eran católicos – al igual que varios de los oriundos que les acompañaron –, sus restos descansan en Córdoba, en el cementerio “de los disidentes”, hoy “del Salvador”, ubicado a un lado de la antigua necrópolis católica “San Jerónimo”.

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El cementerio “del Salvador” (A. Bustos, 2009)

Como parte de la investigación histórica del Observatorio Astronómico de Córdoba, se procuró la identificación del lugar de descanso de los primeros astrónomos y ayudantes de la institución, lográndose ubicar varias de sus tumbas, algunas de la cuales se detallan en el último apartado. La pérdida de referencias como las placas conmemorativas, de registros y en particular el deterioro existente en varios de los sepulcros, en ocasiones dificultaron la tarea, tal el caso del correspondiente al Dr. Charles D. Perrine, tercer director titular.

Teniendo en consideración las notables contribuciones de estos científicos y técnicos, así como la importancia de la institución a la que pertenecieron e impulsaron, y que hoy forma parte activa de nuestra cultura e identidad como cordobeses y argentinos, se torna imperativo llevar adelante acciones necesarias para el resguardo de estas tumbas, su identificación y particularmente para subsanar los daños que han sufrido a largo del tiempo, que puedan poner en peligro su integridad. De este modo, se evitará que nuevamente caigan en el olvido.  

Sobre el cementerio del Salvador

El 15 de septiembre de 1843 se inauguró el cementerio San Jerónimo. La consulta del libro de entierros correspondiente al período 1/5/1866 – 31/12/1887, existente en el Museo Histórico Municipal, muestra como primera inhumaciones en el sector de “los disidentes” la registrada el 26 de agosto de 1880 –  fosa 2, cuadro C –. Sin embargo, pueden encontrarse en el predio las tumbas de J. D. Saunders fallecido el 23/5/1880 y la de Sophus Davidsen, del 7/8/1875, esta última situada en el lado contiguo al cementerio San Jerónimo. Los datos concuerdan con las expresiones de reclamos vertidos en los diarios de la época, por la falta de un cementerio para los no católicos, y en particular con el hecho que cuando las hijas del primer director del Observatorio Nacional Argentino, el Dr. Benjamin A. Gould, murieron ahogadas a principios de 1874, debieron ser enterradas en los predios del Observatorio, debido a que las autoridades no aceptaron que descansaran en el San Jerónimo por no ser católicas (Paolantonio y Minniti, 2001). Concuerdan también con lo dicho por el Dr. Gould en oportunidad de la muerte del ayudante C. W. Stevens, acaecida en febrero de 1884, que el mismo fue “…sepultado en el recientemente inaugurado cementerio” (Gould, 1884, XXI).  

Tumbas identificadas ————————

Chalmers William Stevens  

Transponiendo la entrada al cementerio, inmediatamente a la izquierda, en el cuadro identificado como “A”, se encuentra una lápida de mármol blanco que reza (en inglés):

“Chalmers William Stevens de Claremont N.H. Astrónomo del Observatorio Nacional, Muerto por un rayo el 16 de febrero de 1884, a los 32 años de edad Honorable, dotado y genial fue querido y respetado por todos Esta lápida es erigida por sus amigos como recuerdo afectuoso”

Stevens fue un joven ayudante del observatorio, contratado a principios de 1879 durante la gestión del Dr. Gould, gracias a las recomendaciones del célebre astrónomo-matemático Simond Newcomb.

Llevó adelante diversos trabajos con el Círculo Meridiano. En 1882 realizó las últimas tomas para las Fotografías Cordobesas y participó de las observaciones del cometa Gran Septiembre realizando dibujos de la forma y posición de su cola.

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Lápida de la tumba de Chalmers W. Stevens (S.P. 2000). Hoy la misma se encuentra en el suelo quebrada en varias partes.

Chalmers se constituyó en el primer astrónomo en fallecer estando en servicio. El hecho ocurrió temprano en la mañana del sábado 16 de febrero de 1884, cuando se encontraba leyendo sentado ante una mesa ubicada en el centro de su habitación, una de las varias de la “casa de los ayudantes”, situada en el mismo predio del Observatorio, al oeste del edificio central. Tenía a su izquierda al joven Mark Jefferson, de 20 años, uno de sus compañeros de tareas. Siendo las 8 horas tembló la tierra y se iluminó intensamente el cuarto, como consecuencia de un rayo. El mismo penetró por el costado sur, recorriendo la estructura metálica ubicada entre el techo y el cielorraso, descendió por una cadena que sostenía un aro de hierro, y afectó a Stevens en la parte superior de la sien, sobre el arco orbital derecho, dándole muerte instantáneamente.

Jefferson fue derribado violentamente, pero sufrió solo un intenso shock, que lo mantuvo atolondrado unos instantes y fue quien primero trató de socorrer a su compañero, ya exánime.

Revisado el cuerpo del infortunado astrónomo, se comprobó la existencia de pocas lesiones visibles, acusando quemadura total de la camisa y el chaleco.

El director lo recuerda al final de la introducción del primer volumen del Catálogo de Zonas:

 “No había transcurrido ocho horas después de escritos estos últimos párrafos de la Introducción que precede, cuando D. Chalmers William Stevens, cuyos grandes e importantes servicios se mencionan allí, fue súbitamente arrebatado a sus tareas terrestres por un rayo. Estando sentado a la mesa, leyendo, cayó exánime sin un instante de preparación; pero no la necesitaba… Era dotado de fuerzas, tanto físicas como mentales, poco comunes, y genio notablemente festivo. Su vida ofreció un ejemplo de intachable probidad.” (Gould, 1884, XXI)

Fue el propio Gould quien despidió sus restos al día siguiente del trágico suceso, y asumió la ingrata misión de escribir la carta anunciando el hecho a los padres, residentes en New Hampshire, lugar de nacimiento de Chalmers – 4/4/1952 -.

En telegrama al ministro Wilde, destacó sus atributos personales, junto con el irónico hecho que el occiso acababa de requerir una licencia por seis meses para visitar a sus progenitores en el país del norte, que comenzaría a usufructuar en el mes de mayo siguiente.

El lamentable hecho fue recogido por los diarios del país. En Córdoba el director manifestó que Stevens murió de la misma manera en que hubo vivido: por y para las cosas del cielo, destacando que lo quería como a un hijo o joven hermano. En el Eco de Córdoba, la nota necrológica respectiva fue suscripta por “Wellington”.

Hombre fuerte y caracterizado gimnasta, llegó a convertirse en un personaje peculiar para la acartonada sociedad local, por sus hábitos de ejercitarse con su bicicleta, a la media noche, alrededor de la plaza central – hoy San Martín -, o con patines por la calle San Martín, lo que provocaba seguramente no pocos comentarios de la gente sobre las prácticas del extravagante científico (Paolantonio y Minniti, 2001; Paolantonio y Minniti, 2002)

John Macon Thome

Luego de transitar algunos pasos por la vereda central desde la entrada del cementerio, nos encontramos a la derecha con un monolito de granito gris construido en memoria del que fuera segundo director del Observatorio Nacional Argentino, John Macon Thome.

El Dr. Thome falleció en Córdoba el 27 de septiembre de 1908, a la edad de 65 años, luego de una corta enfermedad. Los diarios apenas se hicieron eco del hecho.

La tumba fue erigida por su esposa, Frances A. Wall, con quien se había desposado en 1885. Wall fue una de las famosas “maestras norteamericanas de Sarmiento”, que en 1884 trabajó como Vicedirectora en la recién formada Escuela Normal de Maestros – hoy Escuela Normal Superior Dr. A. Carbó -, junto a Frances Armstrong[1].

Thome nació el 22 de agosto de 1843 en Palmyra, Pennsylvania, EE.UU. y se graduó como Ingeniero Civil en la Universidad de Lehigh en junio de 1870. Casi inmediata fue contratado por Gould para trabajar en el recién creado observatorio argentino. Llegó a tierras cordobesas en octubre del mismo año.

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John Macon Thome (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

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Tumba de John Macon Thome (S.P. 2000). El monumento fue restaurado en la década de 1970 por el Observatorio Astronómico.

Desempeñó un papel preponderante en todas las obras que realizó el Observatorio, tales como la Uranometría Argentina, el Catálogo de Zonas y el General Argentino.

Recibió el título de Doctor “Honris Causa” en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, el 7 de agosto de 1883; incorporándose a su vez como académico; pasando así a integrar el reducido grupo de laureados por la Academia Nacional de Ciencias con esa distinción.

Durante las ausencias del Dr. Gould, con el cual establece una profunda amistad, se desempeñó como director del observatorio, puesto que ocupa como titular en 1885 al renunciar aquel. Las obras más importantes realizadas durante su gestión son la Córdoba Durchmusterung, el Segundo Catálogo General Argentino, el Catálogo Astrográfico y la Carte du Ciel, todos de renombre internacional.

Con excepción de algunas cortas visitas al exterior nunca dejó el país, y aunque no adoptó la ciudadanía, algunos autores lo señalan como el primer astrónomo argentino (Paolantonio y Minniti, 2001 y Minniti y Paolantonio, 2013).  

Charles Dillon Perrine

Luego de fallecer Thome, el Gobierno Argentino designa al Dr. Charles Dillon Perrine como director del Observatorio Nacional. Este será el último integrante de la “línea norteamericana”.

Su tumba se halla a la izquierda del sendero principal, identificada con el número 64 del sector G.

Perrine inauguró en la institución cordobesa los estudios astrofísicos y actualizó la disponibilidad de instrumental. Hizo demoler el viejo edificio que se encontraba en muy mal estado, construyendo uno nuevo en el mismo lugar, constituyendo la actual sede del hoy Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba.

No descuidó los trabajos astrométricos iniciados por sus antecesores, habilitando un nuevo círculo meridiano, terminando la Córdoba Durchmusterung, la Carte du Ciel y varios catálogos estelares, en particular el primer fundamental.

Fue el autor del proyecto para el gran telescopio reflector de 1,54 metros e inició hasta casi terminar la construcción de las dependencias de la actual Estación Astrofísica de Bosque Alegre. Compró la montura para el telescopio y dispuso su instalación en el albergue con la gran cúpula que se construyó en el cerro San Ignacio. Esa estación se convirtió en un símbolo para el Observatorio así como para Córdoba, y prestó invalorables servicios a la astronomía contemporánea.

También diseñó y dirigió la construcción del primer gran reflector construido completamente en Argentina, instrumento de 76 cm de diámetro que hoy lleva su nombre.

Durante su gestión se realizaron estudios sobre el cometa Halley, el asteroide Eros, eclipses solares y objetos nebulosos, por medio de fotografías, fotometría y espectros.

Se casó antes de viajar a la Argentina y durante su estancia en Córdoba el matrimonio tuvo cinco hijos. En 1923 la familia viajó a EE.UU. durante una de las licencias del director. A finales de 1924 el Dr. Perrine retorna a Córdoba, quedando en su patria su esposa e hijos, que nunca regresan.

Desde la segunda década del siglo XX su dirección se vio jaqueada por la enfermedad y una gran oposición por parte de ciertos grupos hasta su jubilación ocurrida en 1936.

Sus últimos años transcurrieron en soledad, con una salud delicada fue permanentemente cuidado por una enfermera.

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Charles D. Perrine (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

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Tumba de Charles D. Perrine (S.P. 2011)

Al dejar la “casa de los directores” ubicada en el predio del observatorio, se alojó en una vivienda en el viejo Barrio Inglés – hoy Pueyrredón – y posteriormente se trasladó a Villa del Totoral, buscando un clima más seco que favoreciera su asma.

Falleció el 21 de junio de 1951 a las 9h 45 min, a la edad de 83 años, debido a una insuficiencia cardíaca. Se encontraba acompañado por su hija Mary y la enfermera Anita Brunelli de Riccardi. El mismo día de su deceso una comisión del Observatorio viajó a Villa del Totoral. El 23 de junio a las 16 horas se realizó el sepelio.

El autor por largo tiempo buscó sin éxito el lugar de descanso de Perrine, hasta que logró accederse al acta de defunción registrada en la Embajada de Estados Unidos[2]. Cuando falleció imprevistamente el instrumentista del Observatorio James Mulvey en 1915, el Dr. Perrine le cedió la parcela que tenía reservada en el cementerio. Por esta razón, fue sepultado en la correspondiente a la familia de la enfermera Brunelli. Este hecho y debido a que la tumba carece de placa y se encuentra en muy mal estado, se constituyeron en las causas de las dificultades para identificarla (Paolantonio y Minniti, 2008 y Minniti y Paolantonio, 2013)

James Oliver Mulvey

Luego de asumir la dirección el Dr. Perrine, se le presenta la oportunidad de contratar a un hábil mecánico de precisión, James Oliver Mulvey.

Residente en la ciudad de Chicago, EE.UU., Mulvey viaja a la Argentina en septiembre de 1910. Fue designado como instrumentista a cargo del taller mecánico, equipado con numerosas y modernas máquinas herramientas.

El nuevo empleado se encarga de la reparación de algunos instrumentos y bajo la dirección de Perrine, diseña y construye monturas ecuatoriales y cámaras destinadas a la observación de eclipses totales de Sol, estudios destinados la verificación de la teoría de la relatividad. Mulvey inventa un novedoso sistema de regulación de velocidad para la relojería de las monturas.

Luego de la decisión tomada por el director, de tallar el gran espejo de 1,54 metros de diámetro para el telescopio de Bosque Alegre, Mulvey se encarga de construir y montar las máquinas necesarias, que son instaladas en el recién construido edificio del taller de óptica.

Adicionalmente, Mulvey es el encargado de las tareas para la configuración del espejo, también bajo la supervisión de Perrine, un  desafío de grandes proporciones.  Comienza con el tallado de un espejo esférico de 76 cm de diámetro, el cual sirvió para controlar otro plano de 90 cm, empleado a su vez  en la verificación  del de 1,54 metros.  A fines de 1914,  el mecánico convertido en óptico, termina los espejos complementarios. También había finalizado el desbastado de la parte trasera del mayor, dejándolo listo para su figurado.

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James O. Mulvey en Crimea en 1914, pocos meses antes de fallecer (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

James acompañó a las comisiones que se organizaron para la observación de los eclipses totales de Sol en Brasil (1912) y en Crimea (1914).Al retornar de esta última expedición, Mulvey sufre un “ataque de gastritis”, aparentemente producto de una intoxicación, que lo obliga a permanecer internado durante dos meses. A pesar que se recupera parcialmente, la dolencia le provoca la muerte el 31 de marzo de 1915, a la edad de 47 años. Debido a que el deceso fue totalmente imprevisto, Perrine le cedió el lugar que tenía reservado en el cementerio “de los disidentes”, donde Mulvey fue sepultado el 2 de abril. (Paolantonio 2011)

Enrique Chaudet

A principios de 1911 se incorpora al Observatorio Nacional, Enrique Chaudet, nacido en Francia el 8 de diciembre de 1881.

Previo a su ingreso había trabajado durante unos meses en el Observatorio Astronómico de La Plata efectuando cálculos, donde estudió algunas materias de astronomía. Entre el 18 de febrero y 10 de agosto de 1911, a modo de colaboración, realizó tareas en la estación de Oncativo del observatorio platense.

En 1912 actúa como calculista y posteriormente es designado astrónomo de tercera. Desempeñó un papel de gran importancia a lo largo de su permanencia en la institución, realizando numerosos trabajos relacionados con observaciones de cometas y los eclipses totales de Sol de 1912 – Brasil – y 1916 -Venezuela –. Los trabajos más importantes que lleva adelante son las observaciones con el círculo meridiano y para la Córdoba Durchmusterung.

Renuncia a su puesto el 12 de diciembre de 1930, como consecuencia de las desinteligencias con el director Charles Perrine. Pasa a desempeñase en la Oficina Meteorológica.

Fallece el 29 de junio de 1967. Su extensa biblioteca fue donada al observatorio. (Paolantonio y Minniti, 2008 y Minniti y Paolantonio, 2013)

fig11Enrique Chaudet (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

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Tumba de Enrique Chaudet. Junto a él, descansan su esposa  May Florence Muskett (19/1/1953) y su hija Florencia Chaudet (1916-1999).

Robert (Roberto) Winter

Siendo director el Dr. John M. Thome, en 1900 el observatorio asume el desafío de participar en el emprendimiento internacional de la Carte du Ciel. Esta iniciativa del Observatorio Astronómico de París se proponía fotografiar por primer a vez todo el cielo. Debido que se requería obtener varias decenas de miles de placa, se invitaron a 18 observatorios repartidos en los hemisferios norte y sur. Para este fin se adquirió un astrográfico, telescopio doble diseñado específicamente para este programa.

También debieron contratarse fotógrafos, uno de ellos fue Robert Winter, un inglés nacido en Manchester el último día de 1872, el que inicia sus tareas en 1903.

A partir de ese momento realiza con el astrográfico miles de placas para la carta del cielo hasta su conclusión en 1926, así como otros numerosos estudios, de cometas – en particular del Halley en 1910 –, asteroides y del eclipse de sol de 1912. En 1914 es designado segundo Astrónomo.

Alto, delgado y con bigote, sus compañeros lo destacaban como simpático y de carácter agradable, muy propenso a realizar chistes. Se nacionalizó argentino y se casó con una escocesa, Edith Annie Darrall, con la que tuvo once hijos.Winter vivió con su familia en una pieza de la casa de los “ayudantes”. Quienes conocieron a la pareja, recuerdan sus paseos vespertinos por los predios del observatorio, “como dos eternos enamorados”.

Roberto Winter fallece el 6 de febrero de 1940, poco años después de su jubilación, pedida por enfermedad, ocurrida el 1 de marzo de 1934. Su tumba se encuentra en el sector 7, justo detrás del único mausoleo del cementerio. (Paolantonio y Minniti, 2008 y Minniti y Paolantonio, 2013)

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Roberto (Robert) Winter en 1931, algunos años antes de jubilarse (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

Frederic(Federico) Percy Symonds

Otro de los fotógrafos contratados para el trabajo de la Carte du Ciel fue Federico P. Symonds, el que al igual que Winter ingresa a la institución en 1903.

También era inglés, nacionalizado argentino, nacido el 26 de agosto de 1879. Trabaja como fotógrafo principalmente utilizando el telescopio astrográfico, para el Catálogo Astrográfico, la Carta del Cielo y el cometa Halley.

Al año siguiente de finalizarse la Carta del Cielo, en 1927 se jubila.

Luego de su jubilación trabaja en la compañía de tranvías. Fallece trágicamente asesinado en un asalto, ocurrido a metros de su casa mientras trabajaba a plena luz del día.

Su tumba se encuentra también en el sector 7, a poca distancia de su compañero de trabajo Winter en dirección a la entrada del cementerio.

fig09 Symonds Federico P. Symonds en 1912 (Archivo OAC, dig. S. Paolantonio)

James Reston I. (Juan C.) Dreessen

El único empleado del Observatorio Nacional Argentino del que se tenga registro, que haya trabajado durante las gestiones de los tres primeros directores de la institución, fue Juan C. Dreessen.

Nacido en Burg/Ditmarschen, Holstein, Alemania, el 31 de agosto de 1858, llega a Córdoba con 19 años de edad, e ingresa al observatorio como calculista en 1880, durante la dirección de Benjamin Gould.

Permanece en la institución hasta su jubilación ocurrida en 1914, siendo entonces astrónomo de segunda, momento en que estaba al frente Charles D. Perrine.

Hábil con los cálculos, realiza importantes trabajos de cómputos y sistematización de las observaciones meridianas, en particular para los catálogos de la Astronomische Gesellschaft. Fue considerado como un miembro muy valioso de la institución, en la que actúa a lo largo de 35 años.

Se casa y tiene una hija. (Paolantonio y Minniti, 2008 y Minniti y Paolantonio, 2013)

Fallece en Córdoba el primero de septiembre de 1936 a la edad de 77 años. Su tumba se ubica contra el lado que linda con el cementerio San Jerónimo.

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 Juan C. Dreessen (Los Principios, 2/9/1936)

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Sepulcro de Dreessen en el cementerio del Salvador (A. Bustos, 2009)

Antecedente: Paolantonio, S. y Minniti, E. R. (2002). Algunos olvidados de siempre. IV Jornadas de Historia de Córdoba (Junta Provincial de Historia), IV Jornadas Municipales de Historia de Córdoba, Córdoba 3 al 5 de julio de 2002, ISBN 987-99282-3-7.  

Notas  

[1] → Frances Angeline Wall falleció ocho años más tarde que su esposo en 1916. Fue cremada en el cementerio de la Chacarita en la ciudad de Buenos Aires. Si bien en los periódicos de la época se señalan que sus restos se enterrarían junto a los de su esposo se desconoce si esto sucedió ya que no existen referencia de ello en la tumba (Minniti Morgan y Paolantonio 2013, p. 296 

[2] → El autor pudo acceder a esta y otra documentación gracias a la gentileza de Diana Merlo Perrine y Robert Kelly-Thomas, nieta y nieto del Dr. Perrine, a los cuales agradece muy especialmente.  

Referencias

Este documento, texto e imágenes, está protegido por la propiedad intelectual del autor. Puede hacerse libre uso del mismo siempre que se cite adecuadamente la fuente: Paolantonio, S. (2014).Recuerdos. El lugar de reposo de los primeros astrónomos. Disponible en https://historiadelaastronomia.wordpress.com/recuerdos/. Recuperado el … (indicar la fecha). No se autoriza el uso de la presente obra para fines comerciales y/o publicitarios. Ante cualquier duda dirigirse a: paolantoniosantiago@gmail.com.  

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