De Astronomía y fotografía:
un inventor arequipeño y sus aparatos de medición en
la estación Boyden: Carmen Alto, Arequipa, 1893-1921
por Andrés Garay Albújar y Jorge Villacorta Chávez
CONTRIBUCIÓN sobre JUAN ENRIQUE MUÑIZ
Como consecuencia de nuestra nota sobre el astrónomo peruano Juan Enrique Muñiz, recibimos una inesperada comunicación de los investigadores de esa nacionalidad, señores Jorge Villacorta y Andrés Garay Albújar (*), destacando el contenido de la misma. Paralelamente, nos hacían conocer un interesante trabajo propio sobre el tema, que publicaran recientemente en la revista revista CDI, No. 1, Revista del Centro de la Imagen, julio 2010, Lima, pp. 82 – 97.
Dada la importancia de la información mostrada en esa monografía, que ayuda a llenar un vacío en la historia de la astronomía latinoamericana, destacado en aquel trabajo nuestro, les pedimos autorización para compartirla con ustedes, entendiendo que de este modo ayudamos a avanzar en el conocimiento de la disciplina en esta parte del continente.
Así, con el beneplácito expreso de sus autores, brindamos en carácter de Contribución a nuestro sitio, tan destacado trabajo del pasado científico arequipeño. Vaya el mismo con nuestro sincero agradecimiento a los autores, por tan generoso y desinteresado gesto.
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Jorge Villacorta Chávez, de Alta Tecnología Andina (ATA), y Andrés Garay Albújar, catedrático e investigador de la Universidad de Piura, unieron esfuerzos como investigadores a fines del año 2002, al descubrir que compartían un vivo interés en el desarrollo histórico y estético de la fotografía del sur andino peruano entre 1880 y 1950.
Juntos han publicado los resultados de sus investigaciones en artículos sobre la fotografía de Emilio Díaz, Max T. Vargas, los hermanos Carlos y Miguel Vargas, el Observatorio Astronómico de Carmen Alto y Martín Chambi en revistas como La Ciudad (Arequipa), Humboldt (Alemania), CDI (Lima), diario El Comercio (Lima), Actas del Congreso de la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía (Buenos Aires), Fotograma (Montevideo). En el año 2005 fueron los curadores de la exposición “Max T. Vargas y Emilio Díaz, dos figuras fundacionales de la fotografía en el sur andino peruano (1896 – 1926)”, que reunió más de 250 fotografías originales de época en la galería Germán Krüger del Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima. El libro-catálogo de esta exposición vio la luz dos años después, en 2007.
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Fallecimiento del Dr. Gualberto Mario Iannini

por Dr. Luis A. Milone
Profesor Emérito, Universidad Nacional de Córdoba
Con sincera tristeza les hago saber, que el pasado viernes 27 de enero [2012] falleció el Dr. Gualberto Mario Iannini. A la edad de 94 años. Él fue astrónomo y profesor en esta casa, desde los comienzos de los 60 hasta bien avanzados los 80; su especialidad fue la astrometría. A fines de los años 30, Iannini estudió astronomía en la Escuela Superior de Ciencias Astronómicas y Conexas (Universidad Nacional de La Plata), y aunque un poco menor, fue compañero de Carlos Ulrico Cesco y Jorge Sahade…
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Las voces del público: Cartas al director del Observatorio Astronómico Nacional de México (1927-1947)

por Susana Biro
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Gracias a las cartas que recibió Joaquín Gallo del público mientras fue director del Observatorio de México, podemos conocer algo acerca del lugar de la astronomía en la cultura mexicana en ese periodo. Esta mirada hacia el exterior del Observatorio complementa lo que conocemos acerca de la astronomía en la sociedad a través del tiempo.
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La fundación del Observatorio Astronómico Nacional en México

por Susana Biro
Aunque hubo varios intentos de fundar un observatorio astronómico en México desde mediados del siglo XIX, no fue sino hasta 1878 que se logró este objetivo. El éxito de dicha empresa se debió a la combinación de factores, entre los cuales destaca la participación de México en un importante proyecto internacional del momento: la observación del tránsito de Venus. Resulta interesante revisar el modo en que se combinaron factores muy diversos para dar lugar a este suceso.
Susana Biro. Licenciada en física de la Facultad de Ciencias de la UNAM, y doctora en astronomía de la Universidad de Manchester (Reino Unido). Trabaja como divulgadora de la ciencia desde 1996 en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM. Hace divulgación escrita en diversas revistas y por medio de conferencias. En particular se interesa en la divulgación de historia de la ciencia, y la historia de la divulgación de la ciencia. Su blog, http://queridogalileo.blogspot.com/
COMO UN PÁJARO HACIA LA LUZ
El 29 de octubre de 2005, Marte y nuestro planeta se encontraron a una distancia geocéntrica de 69.422.386 kilómetros.
En Buenos Aires era una noche serena apenas fresca y si bien la luna brillaba con intensidad, paradójicamente, no alcanzaba a opacar la extraña pero agradable sensación de hormigueo en mi estómago.
La imagen en mi Meade Catadioptrico de 90 mm era impecable y si bien mis ojos estaban intentando captar algo más que un pequeño disco rosado, mi espíritu, mágicamente, comenzaba a deambular por las imágenes y los recuerdos que este cercano planeta había provocado desde chico en mi corazón.
Recordaba a Ray Bradbury y sus “Crónicas Marcianas”, especialmente cuando se refería a Fobos y Deimos plateando el suelo rojo. O a Olaff Stapledon y su “ Hacedor de Estrellas”, en ese viaje interespacial de la mente. También venían a mi memoria las tragedias de Esquilo, Sófocles y más cerca del mismísimo Shakespeare para el cual el Dios de la guerra Marte era siempre una especie de testigo cruel en su obra.
Mientras la noche avanzaba y la temperatura descendía, creía ver, desde mi letargo trasnochado, los casquetes polares e incluso alguna tormenta de polvo alterando el brillo del albedo. Sabía que mi telescopio no tenía el suficiente alcance para eso, pero la imaginación lo puede todo.
Allí instalado surgió una pregunta que sin respuesta me acompañó toda la observación.
Consistía en saber el verdadero motivo que me mantenía cerca del telescopio hora tras hora mientras mi familia comenzaba con el ritual nocturno del descanso y la temperatura descendía, aunque no lo suficiente como para enfriar mi pasión.
Allí estaba el planeta rojo, atravesando la constelación de Aries, con todo su misterio a cuestas y aquí estaba yo con la pregunta que cada vez se hacía más acuciante.
Ya cerca de las tres de la mañana, Casi vencido por el sueño, luego de repetir una especie de rito nocturno, viendo como siempre aunque sea por pocos minutos al M42, me instalé en la luna. Parecía flotar en el espacio. Casi con el mismo ingenuo e infantil propósito imaginé que a lo mejor, casualmente, iba a ser testigo de la caída de un meteorito de gran tamaño en el Mar de la Serenidad. Y esperé solo en la noche, acompañado por los ladridos de algunos perros trasnochados y los maullidos de algunos gatos entregados al amor.
De pronto de este a oeste un pequeño pajarito a una altura incalculable cruzó la luna. Parecía nadar en un mar de luz. La imagen era francamente cinematográfica. Imaginé una golondrina en tiempo de emigrar, ya que su aleteo me resultaba familiar. Cuando la pequeña imagen negra cruzando la mágica bola blanca desapareció, una suave calma se apoderó de mi corazón.
Sentía que si bien la pregunta no estaba del todo contestada y a lo mejor no lo estaría nunca, una pequeña respuesta había aparecido.
No solamente el afán científico y el rescate de todos aquellos conocimientos que sirvieron al hombre para seguir creciendo eran los motivos por los cuales yo había permanecido exactamente 5 horas frente el ocular. Esa pequeña ave había operado en mi espíritu abriendo una pequeña ventana a la poesía.
Esa noche cerré lentamente el telescopio, y me fui a dormir con una notable alegría en el corazón.
Mientras los ojos comenzaban a pesarme por el sueño, un último pensamiento cruzó por mi cabeza. Anaxágoras, Galileo, Kepler y hasta el mismo Hubble habrían estado mirando el cielo, cada cual a su tiempo, y en lo profundo de sus corazones, seguramente, se resolvía la preciada respuesta: Nos mueve una inconmensurable curiosidad, pero solo la poesía y el misterio por la creación, son los motores necesarios para emprender el vuelo tan difícil hacia el conocimiento. Y tal vez esto sea lo que nos permita aprender, de una vez por todas, el arte de vivir en este planeta tan complejo.
Estimado Osvaldo:
Te invitamos a releer las notas: “La Astronomía y el Arte” y “Astronomía y Ficción Astronómica”. Destacamos que la mariposa del espíritu humano levanta vuelos plenos con sus dos alas: el análisis integrador de la ciencia y la síntesis intuitiva del arte. Sin una de ellas…
Gracias por compartir tu experiencia personal.
Es un verdadero gusto haber descubierto esta página indispensable.
Soy astronomo aficionado asociado a la Asociación Santafecina de Astronomia. En los tiempos que me deja mi labor como actor y docente disfruto enormemente de esta pasión que me acompaña desde mi adolescencia.
Agradezco el trabajo que realizan.Estoy a disposición de Uds, cuando me lo requieran. Por supuesto voy a leer los artículos que me recomiendan.
Tengo un pequeño lugar en “Villa Cañada del Sauce, Córdoba”. Desde esa provincia me parece el cielo más cercano.
Abrazo.