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COLONIA CALIFORNIA y GALENCIA
en el Pájaro Blanco
Edgardo Ronald Minniti Morgan
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COLONIA CALIFORNIA y GALENCIA
en el Pájaro Blanco
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ACEPTEN UNA DIGRESIÓN:
Si bien temáticamente esta nota no se ajusta a los contenidos propios del sitio, comprometido con la historia de la astronomía, el autor pone el trabajo a disposición de sus lectores, en razón de estar vinculado a situaciones prejuiciosas que afectan toda expresión de interpretación histórica. Algo de ello ocurrió – por ejemplo – con nuestra nota Arqueo astronomía Indígena.
Vayan las disculpas del mismo por ello.
Edgardo Ronald Minniti Morgan
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La medida inicial y continente de todas las historias
(Una hipótesis de trabajo no desdeñable)
Lo hemos reiterado en distintas oportunidades. Desde que los asirios, caldeos y babilónicos establecieron que el tiempo era constante y continuo, desarrollando algunos sistemas precarios para su medición, por propia iniciativa o influencia de las culturas orientales…
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Nuestro universo habría nacido del proceso denominado Big Bang (Gran Explosión), que hoy pocos astrofísicos ponen en dudas.
Esa madre de las explosiones cósmicas, se habría originado en la desestabilización de un súper átomo primigenio que liberó la cantidad inconmensurable de energía necesaria para generar toda la materia conocida y radiación libre que nos rodea hasta el límite del universo observable.
Conforme los cálculos efectuados en base al conocimiento actual, a los pocos instantes del estallido, nuestro universo habría alcanzado el volumen detentado actualmente por nuestro satélite la Luna…
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Desde Latinoamérica
Microvisión novelística de una realidad posible
por Edgardo Ronald Minniti Morgan

“Matriz inteligente” – Óleo de Nydia Del Barco
Nos hemos ocupado en varias oportunidades de la relación de la ciencia con las expresiones artísticas, sin efectuar un análisis de su contenido conceptual, por escapar el mismo a los objetivos historicistas de nuestros trabajos. Tales, Astronomía y Arte y Astronomía y Ficción Astronómica en la Historia Reciente, brindados en este sitio. Es todo un tema digno de atención y de estudios más profundos. En ellos campea el pasado, objetivo aparente de nuestro accionar, pese a que no nos cansaremos de repetir que los afanes nuestros y particular esfuerzo son el futuro, que puede apoyarse en los hechos anteriores; tienen por objetivo abrir conciencias con proyección de progreso y trascendencia hacia adelante.
Repudiamos “in limine” toda visión parcializada que pretenda hacernos retornar a ese pasado que por glorioso que fuere, se convierte en una zancadilla cuando trata de superar el marco propio meramente referencial. Lo hemos dicho y lo repetiremos hasta el cansancio: “Pobres de los pueblos que tienen el pasado como destino”.
Muchos intelectuales no temen falsear los acontecimientos bajo examen, para proyectar visiones fundamentalistas supuestamente reivindicadoras, de ese pasado superado por el accionar de una humanidad plena que marcha hacia las estrellas.
Lo bueno y lo malo es un juicio de valor sujeto a convenciones arbitrarias; lo ocurrido fue y constituye solo un marco referencial para no perder el rumbo en lo que está acaeciendo, que sí nos compromete y demanda nuestra atención plena y esfuerzo continuo.
Las actitudes son diversas, en particular en la Latinoamérica nuestra que por formación, tendemos a confundir la realidad con el discurso, como si con la palabra o el arte, pudiéramos sojuzgar la misma en beneficio propio o ajeno, conforme nuestras “servidumbres de paso” intelectuales instaladas en la conciencia colectiva por intereses ajenos.
“Los últimos veleros” – Óleo de Nydia Del Barco
Los calificativos se disputan un escenario científicamente dinámico y prometedor. Todo lo que rodea ese acontecer que es real, positivo y concreto, se halla rodeado de palabras que pretenden explicar, divulgar o imponer con los más diversos objetivos, su dinámico acontecer. Nosotros lo hacemos también.
El propio “epicentro” no está exento de prejuicios y en su accionar utiliza preconceptos humanos que vienen desde los tiempos pretéritos. Nadie desconoce que se ha edificado un poderoso aparato intelectual potente, como la Física, elaborada en base a un parámetro – el tiempo – cuyas propiedades de continuidad y constancia fueron asignadas arbitrariamente ya por los asirios y caldeos, sin ser posteriormente sometido a un análisis exhaustivo como lo fue su par el espacio. Ese t es un escalar en todo el aparato analítico y así se considera en las transformadas de Lorentz; nadie se ha tomado el trabajo de efectuar un análisis utilizando un desarrollo sistemático instrumental en función del espacio – e – por ejemplo; para ver el comportamiento de esas estructuras temporales básicas de nuestro conocimiento, bajo la perspectiva de otros parámetros posibles.
El autor, desde su marcada posición impúdica e ignorante, se ha permitido jugar con esas realidades diversas histórico-factuales, desarrollando una construcción ficcional cuyo objetivo es el mero “divertimento” de un lector inquieto, como el que nos visita regularmente, en el que busca despertar curiosidad y dudas positivas. Al menos para abandonar esa tediosa rutina intelectual de las construcciones literarias comunes en las que se refugian habitualmente las personas por comodidad.
Caprichosamente se ha jugado con todo eso, tratando de lograr tal objetivo.
Formulamos votos por que así se comprenda y se acepte el esfuerzo que lleva como título “Los Solitarios”, que siempre fueron factor determinante de toda la historia. A ellos tenemos que apoyar y de ellos tenemos que cuidarnos. Por supuesto, todo contacto con la realidad “es mera casualidad”.
(Segundo tributo en el Bicentenario, a los que regaron con su sudor y sus lágrimas esta tierra, permitiendo nuestra permanencia y progreso)
por Edgardo Ronald Minniti Morgan
Tal como manifestara en oportunidad de entregar “Salvajes Palmeras del Pájaro Blanco”, cuando el autor encaró las
investigaciones necesarias para concretar su aporte a la historia de la primera época del Observatorio Nacional Argentino, se encontró con un sinnúmero de hechos que, si bien no estaban directamente vinculados con el acontecer astronómico, conformaban el sustrato social que soportaba la actividad, del cual se nutría, mostrando facetas desconocidas de la región y su amplio entorno, visitado por los astrónomos en sus viajes para la determinación de posiciones geográficas, entre otras.
Durante muchos años fue recogiendo información del acontecer local y nacional de diversos diarios y periódicos, en especial El Eco de Córdoba de Gregorio Vélez y El Progreso de Gil Navarro, cuya colección custodian el Archivo General de la Provincia de Córdoba y el Archivo del Arzobispado de Córdoba, respectivamente, levantando el mismo en notas y registros por lectura directa de los artículos en decenas de cassettes, grabador por medio. Ello dio origen a monografías y exposiciones diversas en congresos y reuniones sobre historia nacional y regional, que mostraban aspectos particulares de un acontecer apasionante, pero no brindaban una visión integral de la actividad y el espíritu de sus protagonistas.
En homenaje a todos ellos, hoy también entrega libremente a sus lectores como sincero y humilde homenaje al Bicentenario, la continuación y desenlace de la historia desarrollada en aquella narración.
Ruégales aceptar también esta obra “Dicen que fue el último” como tal.

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(Tributo en el Bicentenario, a los que regaron con su sudor y sus lágrimas esta tierra)
por Edgardo Ronald Minniti Morgan
Cuando el autor encaró las investigaciones necesarias para concretar su aporte a la historia de la primera época del Observatorio Nacional Argentino, se encontró con un sinnúmero de hechos que, si bien no estaban directamente vinculados con el acontecer astronómico, conformaban el sustrato social que soportaba la actividad, del cual se nutría, mostrando facetas desconocidas de la región y su amplio entorno, visitado por los astrónomos en sus viajes para la determinación de posiciones geográficas, entre otras..
Durante muchos años fue recogiendo información del acontecer local y nacional de diversos diarios y periódicos, en especial El Eco de Córdoba de Gregorio Vélez y El Progreso de Gil Navarro, cuya colección custodian el Archivo General de la Provincia de Córdoba y el Archivo del Arzobispado de Córdoba, respectivamente, levantando el mismo en notas y registros por lectura directa de los artículos en decenas de cassettes, grabador por medio. Ello dio origen a monografías y exposiciones diversas en congresos y reuniones sobre historia nacional y regional, que mostraban aspectos particulares de un acontecer apasionante, pero no brindaban una visión integral de la actividad y el espíritu de sus protagonistas.
Sí, eso, lo medular de los hechos, el espíritu, escapaba en tales trabajos y permanecía allí, escondido, sin mostrarse. Sobreponiéndose a sus limitaciones y con el compromiso de rendir un sincero homenaje a tantos hombres y mujeres que integraron el batallón de los desconocidos de siempre, el autor produjo una novela apoyada en esos acontecimientos, sin violentarlos, tratando de llevarlos a la luz y facilitar comprensión sobre algo que generalmente ignoramos. Así pudo descubrir y mostrar que el más fiero de los caciques mocovíes era un italiano llamado Juan Podestá, quien fuera peón en un almacén de Bella Vista, Corrientes, que se hacía llamar “Juan el Rey” y que los nativos con su dura modulación decían “Juan el Raí”; o que la primera revolución agrícola en el país, no fue el grito de Alcorta, sino el levantamiento que llevó a la destrucción de Sunchales, en época de la gestación del Observatorio Nacional Argentino; entre otros muchos acontecimientos, como la existencia de verdaderos cow boys haciendo patria aquí; o que los cordobeses a Benjamin Gould nominaban como “el pikinglish” en sus notas periodísticas. En homenaje a todos ellos, hoy la brinda libremente a sus lectores como sincero y humilde homenaje al Bicentenario.
Ruégales aceptar la obra misma como tal.
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Mujeres en los observatorios astronómicos argentinos.
El acceso al legajo del astrónomo M. L. Zimmer ha permitido resolver algunas imprecisiones que se tenían sobre Agnes Zimmer, mencionada en el artículo de referencia en el párrafo final del ítem “La primera astrónoma, Anna Estelle Glancy” (párrafo que se eliminó). Agnes Zimmer fue la esposa del astrónomo Zimmer, cuyo apellido de soltera era Stephens. Una referencia a la misma se realizó en el párrafo agregado al final del ítem “Las esposas de los directores”. Se sugiere a los lectores que han descargado el artículo en pdf volver a hacerlo.
En El ojo de la Tierra y Búsqueda de sitios para la observación astronómica óptica en Argentina se ha agregado una contribución de unos de los lectores: Imágenes de Tolar Grande por Ernesto Azúa
Ver en Mujeres en los observatorios astronómicos argentinos el comentario de Juan Puerta.